“A Adelaida no se la puede acusar de haber sido una rectora del PSOE”

Teodoro León Gross es el profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación que más buena impresión causa en el público femenino, literalmente hablando. Charlamos con él en su despacho sobre su experiencia como columnista en Diario Sur y como director de la Fundación Manuel Alcántara, de las pasadas elecciones a rector de la UMA, de política en general y su afición por hacer rutas en los montes de Málaga, donde uno “siempre acaba pinchando”.
Entrevista realizada por Lucía Martos y Víctor Miralles
Fotografías realizadas por Isabel AFIRMACIÓN Ruíz Serrano

Teo, Teodoro… ¿Cómo quieres que te llamemos?

Como queráis.

‘Teo’ para los amigos (risas)

Antes de comenzar, nos hace la siguiente pregunta:

¿Esto es una entrevista de coña o en serio?

Aquí hay de todo, te vamos avisando

¿Cómo se hace día a día para plasmar una idea y además ‘clavarlo’ en los caracteres?

Parece más difícil cuando dices ‘todos los días’. Si fuese una vez a la semana sería como una actividad muy ligera. Al ser todos los días parece muy estresante, y en cierto modo lo es, pero César Gonzáles Ruano decía que en el articulismo era muy importante tener la muñeca caliente. Si escribes todos los días, estás más en forma que si tienes que ‘oxigenarte’ o ‘desoxidarte’ cada semana para hacer el artículo; entonces hacerlo a diario funciona bien, el artículo es un oficio, y todas las técnicas de oficio se aprenden. Hay quien dice que al cabo de 3000 horas cualquiera que haga una actividad  la acaba haciendo razonablemente bien. No sé si soy mejor columnista por viejo que por columnista; yo ya he pasado las 3000 horas de vuelo sobradamente, pero me cuesta muy poco tomar una idea y convertirla en 2800 caracteres. Sin embargo, lo que me cuesta cada vez más es tener una idea y no tenerla en 2800 caracteres.

Aparte de política, ¿le gusta escribir sobre otros temas?

Los viernes no escribo de política, salvo casos excepcionales, como por ejemplo una campaña electoral, pero por ejemplo, el artículo del viernes pasado estaba dedicado a los impostores, donde el artículo en general era sobre literatura e historia y no sobre política propiamente. Los viernes es ese artículo del otoño de un libro de historia que has leído, o el artículo de algo interesante que haya ocurrido en el mundo intelectual; el viernes procuro huir de la política precisamente para oxigenarme porque la política es muy opresiva, pero yo soy un analista político, y el escritor diario tiene que escribir de lo cotidiano, y, desgraciadamente, nuestro entorno, la conversación pública gira en torno al debate político. Quizá los columnistas y el periodismo contribuimos a que la política tenga una presencia opresiva que a veces nos priva de otros temas, de otras fuentes, y eso es un pecado del periodismo que deberíamos de reconsiderar en parte, pero como analista político mi tarea es esa.

¿Le hubiese gustado dedicarse a otra profesión aparte del periodismo?

Bueno, hubiera preferido ser Quevedo (risas), pero digamos que como alternativa no está mal ser columnista, quiero decir que yo empecé haciendo literatura, y  me sigue interesando; estudié Filosofía y Letras antes de dedicarme al periodismo y hacerme Doctor en Periodismo y me interesa más allá del periodismo y la política me interesan otras cosas. La docencia, por ejemplo, es una parte esencial de mi vida, no entiendo mi docencia sin ser además periodista, pero no entendería ser solo periodista sin la parte docente; el complemento de ambas para mí ha sido importante porque la universidad me ha dado la oportunidad de estudiar y de pensar sobre mi propia actividad profesional. Cuando uno hace solo un trabajo profesional, lo termina haciendo con cierta habilidad lógicamente, de un modo más mecánico, pero no tienes la posibilidad de estar constantemente reflexionando sobre el sentido y las consecuencias de tu actividad, es muy atractivo. ¿Que si me hubiera gustado ser escritor y no columnista? Quizás sí, pero me fui alejando de la literatura de un modo muy natural; me resultaba muy atractivo. También es verdad que me contrataron muy joven en los primeros medios, gané un premio literario con 16-17 años y me invitaron a escribir en un suplemento cultural en primero de carrera y durante los años de la facultad publiqué algunas piezas literarias, pero a la altura de quinto había trabajado en radio y ya estaba escribiendo guiones para Canal Sur y también dirigí un programa… También es verdad que de la televisión me casé muy rápido, y quizás no encajaba exactamente con mis habilidades: vas buscando tu sitio pero la vida te va conduciendo en parte. No diré que he sido feliz, porque no soy tan tonto como para decir que he sido feliz como para creerlo, pero sí que está siendo una vida interesante.

Hablas de que al final, tu carrera profesional te ha ido alejando poquito a poco de la literatura, pero aún así siempre has estado pegada a ella, como por ejemplo con la Fundación Manuel Alcántara que usted dirige

Sí, me interesa mucho el articulismo literario; he escrito varios trabajos que tienen que ver con el periodismo literario, y lo último que hemos hecho en la fundación es la crónica, y la crónica en España es un género muy atractivo para el periodismo literario. Es uno de los perfiles del periodismo que me interesan: el barniz estilístico y el efecto que tiene la eficacia de un género periodístico.

De Manuel Alcántara, ¿qué es lo que más te ha enganchado de él?

Lo que ocurre es que es indisociable el amigo y su actividad como escritor. Manuel Alcántara es un caso singular, porque era un poeta muy reconocido entre los 25 y 30 años de su edad.  En el año 1958 había publicado tres libros de poesía, poco después ganaría el premio nacional de literatura. Fue invitado a escribir una columna y lo acabó convirtiendo en su género. Encontró que era un género muy a su medida, y ha mantenido una tradición española que es la del articulismo literario. Me interesa mucho la enorme sencillez con la que es capaz de hacer esa adjetivación típicamente poética, o los juegos de palabras, el uso del estilo apotegmático… me interesa mucho la forma en que concibe la columna como texto de actualidad, ya que él es muy consciente de que el texto tiene que conectar con aquello que le preocupa a la gente, y a la vez que sea una pieza estimable literariamente. Mi vinculación con Manuel Alcántara viene desde hace décadas, y tiene que ver también con el afecto personal.

El pasado 18 de junio  Adelaida de la Calle dejó su puesto como rectora de la UMA para pasar a ser Consejera de Educación de la Junta de Andalucía, ¿qué piensa acerca de su salida del Rectorado?

A Adelaida de la Calle se le veía un personaje con intereses por la vida pública, y la política es un destino natural. Daba la impresión de que ya había llegado al final de su etapa como rectora, y de que había alcanzado una edad que seguramente hacía presagiar que se jubilaría.

Narváez tampoco es que sea muy joven

No, pero no alcanza la edad de jubilación; Adelaida estaba más cerca. No sabría decirte qué edad tiene, pero es algunos años menor.

Ante la duda, Teo decide consultar en Internet la edad de la exrectora, mientras se queja de que el internet no funciona muy bien, ironizando: “no es creíble que en la UMA el internet no funcione, si funciona todo muy bien”.

Tenía la sensación de que ya iba a retirarse a los cuarteles de invierno a disfrutar de su familia, y, no he tenido amistad con ella pero sí he tenido algún que otro trato personal y creo que es una persona con un gran sentido de la vida.

Finalmente, el internet decidió funcionar y pudimos saber que Adelaida es del año 1948 (67).

Oficialmente está en la edad de jubilación aunque en la universidad se puede prolongar hasta los 70. Pero me arriesgaría a decir que José Ángel Narváez ronda los 60.

¿Cómo ve la  elección de Narváez como rector?

Tengo que decir que José Ángel es amigo, no un amigo con el que uno comparte mucho tiempo vital, pero sí es alguien con quien he tenido relación y con quien he mantenido conversaciones, no solamente relacionadas con la universidad, sino sobre asuntos públicos o intelectuales. Es una persona muy estimable, una persona con una gran inteligencia y con un estupendo sentido del humor, y está completamente comprometido con la universidad, quiero decir, no lo imaginas haciendo otra cosa.

Es un buen sustituto de Adelaida, entonces.

Bueno, yo no diría que es un sustituto, aunque lo haya sido durante unos meses porque era su número dos, y ha ejercido de rector en funciones. Yo creo que es el sucesor en el cargo.

Siempre se le achaca mucho que formar parte de su equipo obligue a la universidad a seguir una línea semejante a la de Adelaida.

Sería lógico, pero es una cuestión de pura democracia. La comunidad universitaria ha votado y ha elegido que haya un cierto continuismo. Él ha hecho una campaña en la que ha querido destacar que no rompe con el pasado porque evidentemente es parte de ese pasado en el que propone un programa personal con un perfil propio, y creo que la comunidad ha confiado en él y lo que hay que ver es si luego lo cumple, pero en principio creo que la confianza que han depositado en él es para que demuestre o para que aplique los compromisos que ha adquirido durante la campaña electoral, que no es que sea una práctica muy española (risas) pero pienso que José Ángel ha adquirido compromisos importantes de carácter propio que a la comunidad han debido de seducirle para que haya optado por ese continuismo.

En Diario Sur dedicó una columna el 26 de noviembre a las elecciones al rectorado. Hablaba de desmitificar la figura del rector

Sí, el rector imprime carácter, pero una cosa es el carácter y otra son las normas, que emanan de las leyes, entonces un rector no legisla, un rector lo que hace es que, en el modo en que ejecuta las leyes, tenga evidentemente un perfil programático y luego decide si quiere una universidad más referente intelectual en su sociedad o una universidad más aislada de la sociedad, o si quiere que esté más volcada en aspectos de investigación. El rector es el excelentísimo y magnífico; eso son muchas películas (risas) y está muy bien, es una figura que en nuestra cultura académica tiene una circunstancia muy alta, pero creo que hay que restarle presopopeya  al rector. Hay que darle el valor de ser el número uno en la comunidad académica, pero también hay que valorar que un rector no puede decidir sobre una gran cantidad de aspectos que sí tienen incidencia cotidiana en la actividad académica.

Teodoro León Gross, durante la entrevista.
Teodoro León Gross, durante la entrevista.

¿Consideraría que la política universitaria puede estar politizada por los partidos?

Todo está politizado. Es evidente que, en mi opinión, en términos generales, España encaja dentro de lo que se llama una partitocracia: es un sistema en el que los partidos tienen un excesivo poder en la capacidad de inocular, de impregnar todo lo que tiene que ver con las instituciones y administraciones. El ejemplo más básico sería que cuando cambia un gobierno cambia el director del Museo del Prado, hecho que es criticado desde instancias internacionales. ¿Qué tenemos, directores de pinacotecas de izquierdas o de derechas? En España hay una gran politización que lo impregna todo, y en ese sentido la universidad no es ajena. Yo creo que los buenos gestores académicos son aquellos que, independientemente de sus simpatías políticas son capaces de ‘aislarse’ de la tentación del partidismo político o de funcionar como correa de transmisión de un partido, y yo creo que a Adelaida de la Calle no se la puede acusar de haber sido una rectora del PSOE. Ha tenido un periodo en el que ha sido muy hostil con el gobierno del PP, pero tenía que ver con que la conferencia de rectores que ella presidía era contraria a la reforma Wert. No lo calificaría de estrictamente partidista, es más, creo que entre los rectores había de casi todas las ideologías y sin embargo había consenso de oponerse a dicha reforma.

En ese momento le llaman por teléfono, a lo que Teo responde “no, estoy ocupado”, y ante la gracia de lo rápido que ha colgado, contesta que “así somos los amos del universo”.

Entrando precisamente en política… Después de todo, el PP parece que aguanta el tirón, aunque evidentemente sin mayoría.

Sí, si me preguntas si me causa una gran alegría, pena o sorpresa no, nada de eso. Hay que tener en cuenta que la irrupción de Podemos solo hace acentuar eso, porque la derecha opera casi en régimen de monopolio prácticamente del 6 al 9,5 (considerando izquierda derecha del 1 al 10), y sin embargo la izquierda está dividida en dos tramos: el PSOE y Podemos, que se reparten legado de izquierdas, más otros partidos que también van a tener una representación significativa, como puede ser Izquierda Unida-Unidad Popular. En el centro está Ciudadanos, que es un partido que aunque curiosamente su concepción original seguramente era un poco de centro-izquierda, en los últimos tiempos ha tendido a ocupar un espacio de centro-derecha que a mi parecer ha tenido que ver con que ha recibido una cantidad de votantes frustrados del PP que veían que parte del reformismo y de la regeneración institucional que el gobierno podía haber hecho y no se ha cumplido, y la corrupción ha sido un elemento de descrédito significativo. Por ello, ha habido un desplazamiento de votos moderado del PP hacia Ciudadanos que ha hecho que el perfil de Ciudadanos en general se haya escorado hacia el centro-derecha. En algún caso incluso puede llegar a valorarse por encima del 6, osea que ha ocupado claramente esa frontera entre un partido muy moderado de izquierdas como es el PSOE que, considerado desde el punto de vista de Podemos o IU es considerado a veces un partido de derechas; pero este espacio central es un espacio estrecho y Ciudadanos de algún modo se ve sometido a las tensiones de los desplazamientos de los dos grandes partidos, así que era muy difícil que el PP en esas condiciones no fuera el partido hegemónico. En su retroceso con respecto al año 2011 va a ser una de las mayores caídas en una sola legislatura, y yo creo que al PP hay que reconocerle algunos aciertos, que ha logrado cuanto menos generar una sensación de recuperación, crear un clima necesario para impedir la tendencia que con la crisis y la ruptura de la burbuja había llegado a ser de una caída muy abrupta; y luego creo que ha hecho muchas cosas mal: no ha sido sensible a la creciente desigualdad en la sociedad, claramente y además se está viendo en la campaña ha apostado por la tercera edad y sin embargo ha abandonado a los jóvenes tanto en las políticas de empleo como en los propios discursos de campaña delatan, y es obvio que no se está haciendo a la medida necesaria para los jóvenes, y en ese sentido, el castigo es inevitable, pero el monopolio con el que opera  hacía prácticamente imposible que el ganador de las elecciones hubiera sido otro.

Suponemos que habrá seguido la mayoría de los debates, y se ha podido ver que Ciudadanos cae en el último sondeo de Metroscopia y pierde el sitio con Podemos. ¿Los debates han podido pasar factura a Albert Rivera? Se le ha visto bastante nervioso y diferente respecto a meses atrás.

Creo que en el debate a cuatro no hizo un buen debate, y es sorprendente, porque es un gran orador, y una persona con una extraordinaria elocuencia… es persuasivo, muy eficaz ante la cámara, y yo creo que Ciudadanos se encuentra con un problema, que es la falta de sitio. Incluso el bamboleo que tenía me parecía una metáfora de si no sabía si girarse a la izquierda o la derecha. Pienso que el problema para Albert Rivera es que no podía hacer un debate muy destructivo, primero porque para destruir nunca tendría el atractivo crítico que puede tener Pablo Iglesias, que su elemento fuerza es toda esa crítica de la casta, la degradación del sistema… Ciudadanos es un partido muy del sistema, es un partido muy institucional en ese sentido, entonces es evidente que no puede ahí tratar de competir con Iglesias, ni siquiera con el PSOE que es gran partido de la oposición, entre otras cosas porque Ciudadanos tiene fundamentalmente muchos pactos con el PP, y porque todo el mundo da por hecho que lo que pasará en el 20D es que Ciudadanos le tenga que dar la gobernabilidad al PP. Era una posición difícil, Rivera, que al principio de la campaña parecía que luchaba por ser el número dos, no podía alinearse demasiado en la derecha porque él no sabía si podría llegar a ser el número dos y por tanto el PSOE podía hacerlo presidente, por lo cual no podía romper con dicho partido. Tenía que ser suficientemente crítico con ambos y suficientemente poco crítico también con ambos, y eso te coloca en una posición muy difícil en un debate.

A lo mejor el ser tan indeciso echa a la gente para atrás

Yo creo que más que ser indeciso, optó por un discurso poco atractivo, que era no suavizar mucho sus intervenciones, e hizo un discurso propositivo, los cuales son mucho menos atractivos que los discursos destructivos. La gente en un debate quiere fuerza, y lo propositivo seduce menos.

A quienes parece que han medio reforzado es al PP. Incluso con Mariano de collejas por Tiempo de Juego y tomando un vinillo con Bertín mientras Soraya se da de hostias con los demás… vamos, que incluso el no aparecer hasta le ha venido bien

Sí, hay un electorado crítico que le reprocha a Rajoy que no haya ido al debate. Pienso que está haciendo una campaña muy deplorable pero muy inteligente, que son dos cosas posibles. Creo que ha hecho bien en rehuir; se ha hecho su campaña con María Teresa Campos, que ya era casi de geriátrico, pero eso le funciona, y lo de Bertín Osborne era muy ridículo pero le fue muy bien.

Entonces considera que Soraya haya ido al debate en lugar de Rajoy

Fue una operación muy inteligente, porque es buena polemista y lo hizo bien, no extraordinariamente, pero en algunos momentos parecía un poco cacatúa de opositora  brillante, y el hecho de que fuera una mujer entre tres hombres era una estrategia muy hábil, porque si ellos hubieran sido muy críticos hacia Soraya hubiera dado la sensación de linchamiento, y ellos lo sabían, por eso fueron prudentes en sus críticas. Pienso que el PP ha entendido que su lema de campaña es la del miedo, ‘que viene el tripartito’; han vendido algo que saben que es mentira, pero así son las campañas.

¿Se siente el Albert Rivera de CCCOM? No en el sentido que le dio Monedero, claro

(Risas) Es absurdo, yo soy vieja casta. Veo a algunos profesores que son ‘Alberts Rivera’ y que son tipos de los que se podría decir a lo mejor como Góngora decía de Lópe ‘potro gallardo es’, y yo soy un caballo ya viejo, joder, ya no estoy para grandes competiciones.

Pero aun así, ¿eres consciente del impacto que les supones a los estudiantes de 1º de carrera? Vienen con el periodismo totalmente idealizado y de pronto vienes tú, con tu figura, y les enseñas una cosa completamente diferente, es como un impacto para ellos

Yo creo que eso está muy bien; la universidad tiene que ser un caldo de cultivo del espíritu crítico, y por tanto que la sacudida intelectual debe ser esencial, y por tanto a los estudiantes que vienen del instituto está bien darles ese revolcón (risas) intelectual.

En LA GENERAL nos solemos preocupar mucho por el estado de los móviles, y en la última sesión de FMA pudimos escuchar el suyo precipitándose contra el suelo, ¿le suele pasar muy a menudo?

Sí, yo creo que soy el español que más teléfonos móviles ha roto. Amigos míos se ríen cuando ven que un móvil mío me dura varios meses, piensan que está pasando algo raro. He tirado móviles al agua, me he bañado con el móvil en el bolsillo (que es un clásico), lo he tirado desde el balcón… He roto y perdido móviles en casi todas las situaciones, y sin embargo, tengo que deciros que, para vuestra tranquilidad, sufrió solamente algún pequeño rasguño, sobrevivió a ese accidente.

¿Alguna vez ha pinchado en mitad del monte y no llevaba goma de repuesto?

Sí.

¿En qué sentido? Hay que aclarar las cosas, para que la gente no se piense cosas raras…

Bueno, es que escribí durante unos años libros de naturaleza y entonces recorrí casi todas las rutas de los espacios naturales de Málaga, y escribí un par de libros, uno de botánica y otro de espacios naturales, y entonces claro, quién va mucho al monte, termina pinchando.

Sabemos que ha visto el vídeo de LA GENERAL sobre las elecciones al rectorado. ¿Cómo se toma que muchos ‘umeños’ que no le conocen piensen que usted es actor?

Sí, y me preocupó, porque tenían la sensación de que era actor pero no de los buenos, había alguno que otro que en la forma de responder pensaban que era un actor mexicano malo de estos: un actor de culebrón.

Una chica me decía que tenías cara de actor, como que no tienes cara de bueno

Y eso es incomprensible (risas). Las apariencias engañan, la cara es el espejo del alma, porque mucha gente sabe que yo soy una persona incapaz de un mal comentario y de una mala acción.

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Lucía Martos

Improviso todo planificadamente.

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