Ana Salinas: lecciones de derecho y un golpe de realidad

Ana Salinas es profesora de Derecho Internacional Público, Relaciones Internacionales y Derecho de la UE en la Universidad de Málaga. Quedo con ella días después de los sucesos que sembraron el miedo en París y en toda Europa. Desde el pasado noviembre, sus palabras se han vuelto a cargar de vigencia.

No quería estudiar Derecho pero lo empezó al mismo tiempo que Traducción e Interpretación. Siguió con lo primero porque le gustó más, pero nunca abandonó lo segundo. Prueba de ello son los dos volúmenes que nos deja sobre la mesa cuando tiene que ausentarse unos minutos: cientos de páginas de investigación en un perfecto inglés del que casi me cuesta entender el título. Siempre leo el primer y el último párrafo al comenzar un libro, consigo traducirlo: “El terrorismo es más que un acto criminal”, empieza. “Este libro deja en evidencia que queda mucho trabajo por hacer”, concluye.

Un catedrático de Derecho Internacional -uno de los mejores internacionalistas de España, Alejandro Rodríguez Carrión- la captó en tercero de carrera. Desde ese momento, encadenó becas de investigación, estudios en La Haya, en Florencia, estancias de investigación en Nottingham, Latinoamérica, la tesis doctoral – sobre la jurisprudencia de la Unión Europea en Derechos Humanos-, y algunos proyectos de investigación más que la llevan, en el marco del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2011, a formar parte del Consejo de Europa como asesora jurídica en el departamento de Derecho Internacional Público.

Su sueño era ser diplomática. Sus padres son represaliados de la Guerra Civil. Su madre le riñe cada vez que sale en los medios: “no vayas a hablar de política, mira que te van a conocer”, cuenta que le dice.

“Ahora parece que uno ha llegado alto pero no hay que verlo bajo ese punto de vista. Lo importante es el trabajo diario”. Actualmente, Salinas ejerce de docente en la UMA, “mi vocación está aquí”, admite. A pesar de ello, sigue trabajando como experta técnica y consultora en todo lo que tiene que ver con terrorismo y con cooperación penal.

Su caso es un ejemplo, dice, de que es posible lograr grandes cosas a base de becas: “Yo pedía todo: estancias y cursos fuera, ayudas de la UMA para el plan propio, etc. Se puede, pero es cierto que cada vez la competencia es mayor”. Salinas reconoce que la enseñanza ha empeorado y, entre otras cosas, destaca el papel del docente y, poniéndose de ejemplo, el beneficio que reporta tener toda la experiencia con la que cuenta para ejercer de profesora: “Comunicas entusiasmo y esperanza, ven que si su profesor lo hace, y es de Málaga y vive en Málaga y se ha formado aquí, por qué ellos no“.

Al igual que admite la existencia de docentes que no se comprometen, critica que hay alumnos con los que es imposible establecer una conexión y algunos ejes del nuevo plan de estudios. “Éramos profesores en Periodismo y nos echaron. Nos dijeron que con el nuevo plan iba a entrar materia exclusivamente periodística. Yo me pregunto qué hay hoy en día en el 60% de un periódico: información del resto del mundo”, apostilla. Salinas utiliza las misma dosis de modestia que de franqueza para hablar y zanja el tema: “La Universidad de Málaga, a pesar de todo, no forma tan mal”.

Lejos del mundo docente, su pasión es el asesoramiento técnico, “un ámbito invisible pero en el que realmente pongo en práctica mi bagaje y donde lo transmito a la sociedad: orientar a un gobierno, a una organización internacional es estilizar tu saber para mejorar la sociedad”. Por ese motivo no lo ha abandonado y cuenta con entusiasmo algunas de sus últimas citas.

En junio de 2015, Salinas participó en la Conferencia Octopus del Consejo de Europa sobre Ciberterrorismo, “allí intentamos dar solución a un problema muy banal”. Para la docente, uno de los asuntos más graves en la lucha contra el yihadismo es poner freno judicialmente a la radicalización que suscita la red. “Las cargas de vídeos o imágenes se hacen desde servidores en terceros estados, en los que, por ejemplo, puede que no haya convenios de asistencia mutua en materia penal. ¿Cómo conseguimos esa prueba electrónica para ya no solo eliminarlo sino poder pedir responsabilidades a esas personas? Eurojust -la entidad de la UE que trabaja para reforzar la cooperación judicial entre los Estados miembros- se está comiendo la cabeza con ese tema”, explica.

En marzo, le llegó un trabajo de asesoramiento: la nueva ley antiterrorista que Túnez pretendía aprobar. La norma se enmarcaba dentro de un programa que el Consejo de Europa tiene a medias con la UE -la UE financia y el Consejo de Europa pone al personal y trabaja sobre el terreno- para reforzar la estructura democrática de todos los países de la ribera sur del Mediterráneo. “La idea es ayudarlos a hacer transiciones democráticas o atraerlos a mecanismos internacionales que les den estabilidad para asentar su Estado de derecho, fomentar la formación de sus policías, jueces, políticos…”, argumenta.

La ayuda a segundos países ha estado, a lo largo de la historia, movida por intereses mayores. Por ello, en este punto, se detiene a matizar: “Hay diferencias entre las organizaciones”. Y argumenta: “¿No sorprende que la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) no haya hecho ninguna declaración sobre la bajada de precio del crudo? No, dentro de esa organización hay países que financian el extremismo más puro del islam, que están por la yihad”.

En este punto cabe salvar distancias entre algunos conceptos. El Consejo Europeo es una institución de la UE formada por los jefes de gobierno de los estados miembros y marcan, en cierta medida, las directrices políticas de la Unión. El Consejo de la Unión Europea o Consejo de Ministros es la principal instancia a la hora de tomar decisiones. Por último, el Consejo de Europa, ente al que se vincula Salinas, es una organización internacional que no está ligada a la UE y en la que están representados los 47 países europeos y cinco observadores: EEUU, Canadá, Japón, México y la Santa Sede. Su fin es defender los derechos humanos y los principios democráticos en Europa.

La UE está viviendo una crisis muy grande, económica, política y de valores. No hay liderazgos políticos destacados entres los países comunitarios. Todo eso se traslada a la organización en sí”, explica. Ana Salinas tiene una visión muy crítica sobre la institución comunitaria. Reprocha que pasa de largo los valores y otras muchas cosas que importan porque “está centrada en ver cómo salimos de lo económico”. Al final, lo resume todo en un enunciado: “Creo en el ideal de la UE, no creo en lo que se está haciendo ahora”.

En la práctica

Cuando nos sorprenden acontecimientos como los del pasado noviembre en París o este mismo mes en Bruselas, el debate sobre la cooperación entre países se eleva hasta el más alto nivel para luego descender lenta y sutilmente como si nada hubiera pasado.

En estos casos se habla de potenciar e impulsar la cooperación multilateral para la lucha contra el terrorismo, un fenómeno global que ataca cada parte del mundo sin usar localizador. Francia se apresuró en buscar ayuda en los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para hacer uso de la fuerza. En ese momento, la coalición bombardeaba legalmente en Irak, porque ésta había solicitado su ayuda. En cambio, en Siria, todos los ataques contra el Daesh eran ilegales porque el país los rechazaba y el Consejo de Seguridad no los había autorizado.

El 20 de noviembre se adoptó en París una resolución del Consejo de Seguridad que insta a los países a utilizar todos los instrumentos necesarios para derrotar al Daesh en los territorios en los que está asentado. “Se han saltado la ley, pero la realidad les ha dado la razón”, admite Salinas. Éste es un punto curioso, pero para comprenderlo debemos tener unos conceptos más básicos.

Para entender cómo funciona la UE, Salinas explica que puede utilizar dos herramientas básicas: en Tratado de la Unión, que alberga una “miniconstitución” y la política exterior y seguridad común, es decir, una filosofía de actuación conjunta, y el Tratado de Funcionamiento. “El grueso de la acción de la UE está sometido a una forma de funcionamiento que llamamos de integración: un organismo supranacional que tiene el poder de crear normas vinculantes para los estados, que son de obligatorio cumplimiento y que se vigilan”, expresa.

Esta conformidad no se pone de manifiesto si hablamos de política exterior y seguridad común. “No había acuerdo. Los países estaban a favor de un acuerdo político pero no de las normas vinculantes”. Por ello, estos términos pasan al Tratado de la Unión y se quedan en pura cooperación o voluntad política.

Francia podría haber invocado la Cláusula de Solidaridad, del Tratado de Funcionamiento, que apela a los casos de catástrofe natural o ataque terrorista. Esta decisión habría ido por la vía de integración y habría obligado a los estados a tomar parte. “Ahí se habría demostrado el compromiso”, aclara la profesora. La estrategia de Francia pasó por no tentar a la suerte. En palabras de Salinas, “en realidad, sabían que los estados no iba a responder. Si lo hubieran intentado y no hubiera salido bien y hubiera sido un golpe mortal para la UE”.

“Esto no se explica”, resalta incómoda la experta en terrorismo. ¿Por qué no se habla de lo importante, de las vías que existen? “Hay mucha hipocresía por parte de los estados, porque prefieren luchar individualmente que de forma conjunta, no están dispuestos a compartir medios ni información”, responde.

Periodismo

En la misma línea de errores, Salinas no pasa por alto el ejercicio periodístico. La profesora cree que el periodismo lo está haciendo mal, “no va a la raíz ni le interesa la base legal”. “No creo que sea un tema que aburra a la gente y es fácil de explicar”, mantiene.

“¿Por qué los medios abren el telediario con los solicitantes de asilo o la gente que huye peleándose en las fronteras? Sería más útil que se sentaran a entrevistar a esa gente para que les hablen de las condiciones que tenían en sus países, para que les cuenten por qué han huido, qué hace el islam, en qué ha cambiado la vida con la yihad”, se pregunta.

Los medios de comunicación han ido a la corriente de los acontecimientos, yendo y viniendo cuanto más cerca sonaba el estruendo de las bombas. Y, como dice la docente, hay grandes historias que contar. “En Irak, no dejan lápices de colores a los niños, se retiraron porque el grafito valía para hacer bombas caseras. Pero no el de los lápices de colores, ¿por qué se lo quitan a los niños?, ¿por qué prohíben que las niñas vayan al colegio?, ¿por qué reprimen la cultura?”.

“Se toman varios días con el tema de refugiados. Después, otros tanto con el yihadismo. ¿Dónde está la conexión? Todo forma parte de lo mismo. ¿Por qué en vez de atemorizar no informamos? Estamos borrachos de imágenes sensacionalistas”, explica.

Al igual que en las últimas páginas de su libro, concluye: “Queda mucho por hacer, no podemos tener miedo. El terrorismo no ha vencido, así que me daría pena que ganara el miedo en la juventud”.

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