Apología de las encuestas de la UMA

Hay pocos mecanismos más útiles para mejorar la calidad de la universidad que tuitear cada una de las deficiencias con el hashtag #enlaumapasa y mencionar a @LigoteosUMA_, la cuenta universitaria para follar (¿no?), pero eso no quiere decir que haya que prohibir otras formas de crítica. Excepto si se refieren, claro, a las encuestas del profesorado, un cuestionario elaborado por el mismísimo Dios y del que emanan, como las aguas cristalinas de un manantial, todas las virtudes genuinas de la naturaleza.

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Las encuestas de la UMA son, también, los juegos del hambre del personal docente, el primer escalafón de una serie de pruebas a cara de perro en las que sólo sobrevive el elegido, coronado en nombre de sus compañeros caídos en combate y bautizado con la sangre derramada.

A primera vista puede parecer que enunciados como «Asiste regularmente a clase» (hablamos del profesor, ojo), «Cumple su labor de tutoría» o «Imparte las clases en el horario fijado» miden únicamente hasta qué punto cumple con sus obligaciones y no a sus cualidades como profesor. Claro que pensar eso evidenciaría una visión cortoplacista, sesgada, superficial y, en definitiva, de gilipollas ante un fenómeno infinitamente más complejo que encierra variables binomiales, algoritmos de búsqueda secuencial y otros conceptos que no entenderíais.

Quizá por esa miopía de la realidad las asociaciones de estudiantes plantearon el otro día usar la campana de Gauss «para verificar si un docente es un buen profesor». Para cualquier conocedor de la función gaussiana esto constituye una estupidez supina, puesto que distribución normal de media μ=b anula parcialmente la varianza σ2=c2, con el consiguiente deterioro de la transformada de Fourier. Este error de planteamiento ya ha ocasionado diversos descalabros en proyectos relacionados con la teoría de la órbita molecular, la definición de los polinomios de Hermite o, sin ir más lejos, el campo de Yang-Mills Aμa. Pero explícale eso a una asociación con fines claramente electoralistas que se vale del autobombo de los medios afines y las televisiones atrapadas por sus tentáculos para sumar votos.

Es posible que las encuestas de la UMA no sean perfectas, pero pecan más por exceso que por defecto. Quizá convendría, de hecho una suavización del cuestionario, suprimiendo enunciados que cuestionan la función del profesor y pueden resultar potencialmente ofensivos, como es el caso del «Resuelve las dudas que se le plantean» o «Es respetuoso en el trato con los estudiantes». Joder, al fin y al cabo todos somos humanos.

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