‘El bar’: la comprensión añorada de Álex de la Iglesia

Álex de la Iglesia ha presentado en el Festival de Málaga ‘El bar’ con una especie de nostalgia comprendida. Ha renegado también de la madurez: “yo creo en el desgaste”. Quizá es esa mezcla, de sentimientos melancólicos, la que esconde en lo más profundo de su nueva película, una historia kafkiana con los mismos niveles de ironía que de agonía.

El germen de la trama se origina del pánico de pisar un hospital y la inseguridad de besar a una amiga. El guión, de pasar horas atrapados entre las paredes que encierran la vida, las de los bares, de sentarte y observar qué pasa, de situaciones cotidianas y personas de carne y hueso. En resumen, de la vida. “Si en algún momento pierdo el contacto con la realidad, me desinflo como director”, ha dicho De la Iglesia.

Así se construyó una historia de saber, no quien es el asesino, sino el malo de verdad. Una película de supervivencia, la misión de siete protagonistas que contamina al espectador. En ‘El Bar’, los actores se ceden el testigo para ser, al mismo tiempo, protagonistas y figurantes. “Las miradas, los planos contra planos, construyen la realidad de un personaje único que es todos a la vez”, ha explicado el director. Y la elección no fue fortuita. De la Iglesia ha confesado que dudó del papel de Terele Pávez, pero lo convenció “su punto de animal encerrado que no sabe hacer nadie”. En Blanca Suárez vio el “punto distante perfecto” para su personaje. Y lo de Mario Casas lo tenía claro, la figura de un cobarde que al final lo da todo, y que le ha dado la oportunidad de “volar dentro de la comedia”. Aunque el que verdadero culmen se lo lleva Jaime Ordóñez, un desbordante vagabundo que lleva el hilo conductor predicando por las cloacas.

Una mezcla sublime o, como ha dicho Secún de la Rosa, “una colección de cromos maravillosa” pero sin riesgos que no fue fácil de domar. Fue “complicado” que los actores no pensaran en lo difícil que es estar a la altura de Carmen Machi, conseguir química entre Blanca y Mario o que todos los papeles tengan lados opuestos. La transformación de los personajes fue el juego del que se jacta De la Iglesia.

A pesar de ello, la diligencia para resolver cada plano, la agilidad de las dotes de angustia in crescendo, entre lo asfixiante y el clímax, hacen de esta producción, tan irónica como grotesca, una orgía de la marca De la Iglesia. El trasfondo de ‘El Bar’ recae en las miserias del ser humano, en la búsqueda -o el repentino encuentro- del yo más profundo, del miedo a descubrirnos en realidad en situaciones límites. Y todo, entre risas y aspavientos. Es la reyerta del director, la comprensión y el desgaste al mismo tiempo.

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3 comentarios sobre “‘El bar’: la comprensión añorada de Álex de la Iglesia

  • el 30 marzo, 2017 a las 17:41
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    El Bar es mirindas asesinas con Messi El Dia de la bestia entre Las brujas de Zugarramurdi durante Mi gran noche… es decir, un peliculón!!!! 😀

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  • el 9 junio, 2017 a las 13:45
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    Alex de la Iglesia me enganchó con “El día de la Bestía” una película que he perdido la cuenta de las veces que la habré visto, y desde entonces no me pierdo ninguna de sus películas.
    Esta última no ha sido una excepción y me ha encantado, pero es que me encanta esa forma familiar y peculiar que tiene Alex de hacer cine.

    Me ha gustado mucho la reseña. 😉
    Gracias por el aporte

    Respuesta
  • el 9 junio, 2017 a las 13:47
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    Alex de la Iglesia me enganchó con “El día de la Bestía” una película que he perdido la cuenta de las veces que la habré visto, y desde entonces no me pierdo ninguna de sus películas.
    Esta última no ha sido una excepción y me ha encantado, pero es que me encanta esa forma familiar y peculiar que tiene Alex de hacer cine.

    Me ha gustado mucho la reseña. 😉
    Gracias por el aporte.

    Respuesta

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