Misoginia rock en ropa interior

Fotos de Laury Muñoz.

Manos de Topo es un grupo íntimo para tardes íntimas. Verlos en directo, rodeado de decenas de personas que comparten tus gustos peculiares, es un acto valiente de autoafirmación grupal. “Sí, me gusta Manos de Topo. El de la voz rara, sí.” Uno no puedo evitar mirar a su alrededor para intentar realizar una radiografía de qué clase de personas pagan una entrada para ir a ver a este grupo cuyo cantante usa el gimoteo como principal argumento, intentando buscar un atributo distinguible a simple vista. Nada. Como todo grupo íntimo, solo cada cual conoce sus razones.

manos de topo concierto málaga velvet 1

Durante la pasada noche de viernes, en la malagueña Sala Velvet, el cantante del conjunto barcelonés, Miguel Angel Blanca, bromeaba con la radiografía que ellos mismos habían realizado de su público. “Vienen parejas, gente que está súper enamorada”, se sorprendía, a lo que Alejandro Marzoa, teclista, añadía: “las vamos a romper”. Una vez pasa el shock de la voz llorona, a ratos reivindicativa, a ratos simplemente depresiva de Miguel Ángel, lo que más llama la atención de este grupo de “pop melodramático” -literal de su Bandcamp– son sus letras. Hablan de cosas tristes como infidelidades, rupturas o celos, claro, como todos, pero van más allá. Tratan de la miseria del amor, de los rutinarios pelos en el aseo, de la parte más sucia y descuidada de las relaciones y de la mierda emocional que todos llevamos dentro. Todo un homenaje al infravalorado sentimiento del despecho. Atendiendo al mensaje, se entiende fácilmente la forma y se entiende por qué Manos de Topo se sorprende de la presencia de parejas en sus shows. O no han comprendido nada, o lo han comprendido todo y lo aceptan. No se sabe qué es peor.

El quinteto propuso en Málaga un viaje desde la teoría a la práctica. Los temas de su último trabajo, Caminitos del deseo, suponen una evolución clara en lo instrumental y una composición más abstracta, en contraposición con lo descarnado de sus anteriores trabajos que se sucedieron tras el primero. “Es un disco muy positivo”, argumentaba con ironía Blanca. Lo que sí fue un continuo en el concierto fue la intensidad, de forma y de fondo. Cuando no eran las contundentes guitarras y el violín casi dramático de Fantasmas de tus agujeros, era la expresividad de Blanca al micrófono, que sabe cómo cambiar el registro para provocar la reacción emocional.

manos de topo concierto málaga velvet 2

La rabia por los continuos fracasos de las canciones de Manos de Topo es gestionada con delicadeza e incluso nostalgia, como en Maquillarse un antifaz, donde rompen al oyente con su honestidad: “cómo aparentar tranquilidad / si nunca más te veré desnuda”, alternando con la liberación de todo complejo con El cartero, donde rompen a gritar, desquiciados: “Estoy de puta madre, ya te llamaré más tarde”. La tristeza se torna en ira en un directo que guía al espectador a través de distintos estados de ánimo, reales y palpables, con un aumento gradual de la visceralidad, que llega a su máxima expresión con el tema Pollo frito.

Coreada por el público, en directo esta canción es la primera de las conclusiones, la razón de los fracasos y las miserias. “Tú eres malvada, malvada, sí, tú eres malvada”, para posteriormente volver al equilibrio con canciones más sosegadas que son los buques insignia del quinteto, como Es feo o Mejor sin el pijama, una frenética marcha militar que vuelve a incidir en la cotidianeidad como origen del problema (“te han visto en Ikea, solo a media jornada / inventando los nombres de tus sofás cama”). El final de tanto vaivén es la también coreada Lógico que salga mal, una canción divertida e incluso alegre donde, ya en total sintonía con el público, cantaron que, si eres antidarwinista o si te peinas con petardos, normal que se joda la cosa. El grupo parece emitir el mensaje de que, tras el drama, su pretensión es reírse.

Escuchados en estudio, Manos de Topo desprende una luz gris y monótona. Sobre el escenario, el lamento se transforma en queja, pasan de pop a rock y la combinación de un registro inusual con unas letras inusuales parece perfecta para la ocasión. Miguel Ángel Blanca se arrastra, se levanta, grita, se enfurece y bromea durante un show de escenas de ropa interior donde la mujer es la gran deseada y la gran perjudicada y donde no hay ni un solo respiro para lo convencional. Nada apto para románticos.

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