Crónica de un suspenso anunciado

Todo el mundo lo sabía: tu familia, tus compañeros de clase, tus amigos, tu profesor, tu pareja… todos, menos tú, que te presentaste el día del examen con las esperanzas puestas en sacar ese cinquillo que te haría tener un verano libre.
Repasar antes del examen no sirve de NADA.

Era un lunes cualquiera de finales de mayo. Por fin te habían cortado las clases y estabas planificándote para estudiar los exámenes. “Al principio iré de tranquis y no pasaré más de cuatro horas en la biblio”, piensas mientras miras el calendario. “Cuando quede una semana para el primer examen, me llevaré el tupper y aprovecharé todo el día”.

Y así es. Tu primer día en La General es de tanteo. Estudiar, estudiar, estudias poco. Pero observas el panorama. No paras de soltarle a tu compañero de sitio que “la del piercing en el labio está bastante buena” o “el que siempre viene en camisa está muy bien”. Tienes fichado a toda la biblioteca. Y claro, luego pasa lo que pasa: a 6 días del examen solo te sabes tres temas de 15 que entran.

Decides cambiar de sitio porque el ambiente te distrae. “La gente de ciencias es muy trabajadora, a ver si yendo allí se me pega algo“, reflexionas en un momento de lucidez extrema. Para abstraerte del mundo, te pones los cascos y tu playlist “Estudio Profundo”, acompañado siempre de tu gran amigo el Monster.

Te quedan menos de 3 días y ante la proeza de estudiarte todos los temas decides priorizar en los más difíciles, “que seguro que caen“. ¡Pues no, máquina! A 12 horas del examen, el empollón de tu clase te comenta que se lo ha estudiado todo. Te sientes mal. “Joder, si este se ha estudiado 15 temas yo también puedo”.  Te espera una noche muy larga. Pero, al fin y al cabo, serán las últimas del año.

Llegas al examen dormido y con un cacao en la mente. Todos te miran con la misma cara de “ha estudiado toda la noche para nada”. Los peores 90 minutos de tu vida. A la salida, buscas desesperadamente a los listillos para calibrar sus respuestas con las tuyas. No das ni una. “Bueno, puede que la profesora valore la argumentación”, dices tratando de buscar alguna excusa que te haga sentir mejor.

Al llegar a tu casa la mejor conclusión que puedes sacar es que por fin has acabado. ¡Craso error! Esa sonrisita facilona se torna en tristeza cuando recuerdas que te quedan cuatro exámenes más. A repetir todo el proceso…

 

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borjadiez

Xornalista con la rabia del estudiante heleno. Buenaventura y Maltiempo guían mi camino. Grecolatino y de barrio. Make Huelin great again. Aspiro a llegar tan alto como Carrero Blanco.

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