Cultura, taquilla y marca

Málaga ha cambiado. Al menos, en su plano cultural. La capital de la provincia malagueña pasa de ser la ciudad de las playas, los espetos y el buen tiempo a ser la ciudad de los museos. No es para menos. Hasta 30 museos podemos encontrar en sus calles, a los que se sumarán dos hermanos en plena campaña electoral: el Museo Estatal Ruso y el Centro Pompidou. Por Borja Díez y Marta Espartero.

“Un museo es un producto. Un producto que se vende, que se compra, que se alquila… que se negocia con él, con la colección”, así respondió Eduardo García, un reputado museólogo que trabaja en la delegación de Cultura de la Junta, a la pregunta de cuál era su definición de pinacoteca. Ese “producto” del que habla García abunda ahora en la Costa del Sol. Pero resulta llamativo el cambio tan estrepitoso que ha sufrido la capital. Hace 15 años, Málaga no era más que una ciudad marinera que vivía de los turistas que se apostaban en los chiringuitos en busca de sardinas a pesar de contar con un sólido patrimonio, eso sí, sin explotar. Hoy en día, el turismo de playa y tumbona convive con un turismo cultural surgido en los últimos años coincidiendo con el boom de los museos. Y no es para menos, ya que el Ayuntamiento ha destinado 53 millones de euros en este sector en los últimos diez años.

Para algunos, Málaga, con 30 museos repartidos por sus calles y con el Museo Picasso Málaga y el Centro de Arte Contemporáneo como referentes, no alberga más que una acumulación de pinacotecas. Otros creen que conforman una potente red. José Lebrero, director del Museo Picasso Málaga, es de los que piensan que, al barrer cada museo para su casa, no pueden confluir. “La definición de red conlleva que existan elementos entrelazados y unidos, que ofrezcan solidez. En esa hipotética red de museos se deberían compartir conocimiento y estrategias de culturales o de márketing y eso no se hace, por el momento”, asegura Pepe, como prefiere que le llamen. Para Gema Chamizo, jefa de prensa del CAC, una oferta museística cohesionada quizás pueda ser el futuro, siempre y cuando mantengan sus personalidades corporativas. “En Madrid se realiza la entrada combinada y no me extrañaría que en Málaga se realice en un futuro”.

La apertura del Museo Picasso Málaga dgnificó el entorno, funcionó como dinamizador económico y ayudó a aumentar el número de turistas.  || ANDREA RODRÍGUEZ
La apertura del Museo Picasso Málaga funcionó como dinamizador económico. || ANDREA RODRÍGUEZ

Justamente lo contrario opina Lourdes Moreno, directora del Museo Carmen Thyssen de Málaga, quien piensa que existe una potente confluencia de museos refrendada por la estrategia del Ayuntamiento. “Es una preocupación real hacer de la ciudad una ciudad de museos, y me parece que la idea va a beneficiar y a su entorno de forma positiva”, afirma Moreno. Ambos directores, el del Picasso y la del Thyssen, también se acordaron de lo que está por venir, que no es poco. Y, casualmente, en año electoral, como ya ocurrió con el espacio que dirige Lourdes Moreno.

“El Ayuntamiento ha convertido la inauguración de los museos en las punta de lanza de sus últimas campañas electorales”, declaró Jesús Zotano, redactor de la sección de Cultura en La Opinión de Málaga, sobre esta coincidencia entre la apertura de pinacotecas y la cercanía a los comicios locales. Con el adelanto de las elecciones al Parlamento andaluz, el margen para inaugurar el Museo Estatal Ruso y el Centro Pompidou se reduce a la semana del 23 al 30 de marzo. Estas dos nuevas incorporaciones, con la mirada puesta en los 200.000 visitantes anuales, se unen al abanico de museos que ya poseía la ciudad, aumentando el coste anual que conlleva mantener estos espacios hasta los 10 millones de euros. “Esperamos que la Colección del Museo Ruso esté abierta al público a lo largo del mes de marzo”, garantizaba Francisco de la Torre en rueda de prensa el pasado 12 de enero.

Nuevas inauguraciones

Eduardo García no cree que la apertura de estos museos en año de elecciones haya sido cosa del azar. “Los museos han sido concebidos por los políticos como una herramienta para su propaganda y quieren deslumbrar al electorado”, asegura el experimentado museólogo. “Los museos que realmente perduran y permanecen en el tiempo son los que la comunidad los tiene como algo propio, donde se ve reflejada en su devenir histórico, en sus problemas, en su carácter”. García tiene claro que si un museo no está asentado en unas raíces sociales no es más que un comercio, una franquicia: “es como una tienda: hoy la puedes cerrar y mañana te ponen un todo a cien”.

Zotano incide en que uno de los problemas más latentes de la escena cultural malacitana reside en que los espacios culturales reman cada uno en una dirección diferente. “Echo de menos que las administraciones y los museos trabajen unidas para ofrecer mejores propuestas y más económicas a los malagueños. Aún nadie ha sabido decirme qué ofrecen de distinto el Museo Picasso y la Casa Natal” asegura el periodista, acostumbrado a codearse con entidades de gran calibre dentro de la escena cultural local. El director del Museo Picasso Málaga es bastante claro en este asunto: “El hecho de que no confluyan en un mismo museo o, en su caso, puedan compenetrarse, reside en razones históricas y políticas. Junta y Alcaldía disputan estos dos museos, gobernados por distintos partidos políticos”.

El CAC irrumpió en la escena cultural en 2003. || ANDREA RODRÍGUEZ
El CAC irrumpió en la escena cultural en 2003. || A.R.

A pesar de todas las críticas, la marca “Málaga, ciudad de museos” vende en el extranjero. El diario Telegraph incluyó a la ciudad en el top 10 de destinos culturales españoles, con vistas a las vacaciones de 2015. En el pasado curso (2014) Málaga superó, por primera vez en su historia, el millón de visitantes. La Fundación Contemporánea situó a la ciudad como la cuarta mejor del país por su oferta cultural, por delante de Sevilla, Valencia o San Sebastián. Es innegable el efecto dinamizador que los museos aportan. Y las expectativas son aún mejores: tal y como sostuvo en rueda de prensa el primer edil de Málaga augura un “reflejo positivo adicional” para la localidad por las relaciones de las próximas pinacotecas con otros museos.

El alcalde, en un alarde de orgullo e ilusión para demostrar que el terreno cultural que había construido hasta entonces era de alta categoría, intentó postular a la localidad a lograr la candidatura de Ciudad Europea de la Cultura 2016. El resultado fue estrepitoso: Málaga no pasó de la primera ronda. Los deseos del regidor popular de mostrar al mundo su estrategia cultural se había desbaratado. “Proponían un proyecto totalmente inconsistente y despegado de la realidad de la ciudad”, constató Eduardo García. Este museólogo va más allá y critica duramente la labor del ayuntamiento malacitano, históricamente enfrentado con la dirección socialista de la Junta: “El consistorio se sigue empeñando en realizar una política museística que solo quiere atraer titulares”. José Lebrero critica el reconocimiento incidiendo en que no puede haber una sola capital cultural en Europa ya que restaría importancia al resto de ciudades.

Futuro incierto

Más allá del uso de los museos como arma electoral, el porvenir de estos es una incógnita. Christopher Beanland, en uno de sus artículos en el diario británico The Independent sostiene que hoy en día los museos, más que espacios para la difusión cultural, son simples marcas. “Han colonizado las ciudades del mismo modo en que los países lo hicieron durante el siglo XIX. Las galerías han acudido en masa a ciudades portuarias con aspiraciones a recibir a visitantes sofisticados: la Tate a Liverpool, el Guggenheim a Bilbao, y el próximo verano, el Pompidou a Málaga”, escribió el periodista y escritor británico. Eduardo García matiza que este cambio de perspectiva que están sufriendo las pinacotecas conduce a una “banalización” absoluta del espacio cultural: “La deriva turística que llevan los museos hasta ahora creo que nos conduce hacia el museo como una franquicia. Como un producto puramente mediático, detrás del que hay una serie de operaciones de marketing muy bien organizadas y diseñadas, pero que es un museo ovni”, asevera el experto andaluz.

El futuro de los espacios culturales en nuestra ciudad está en el aire. Es peligroso invertir en proyectos desconectados de los malagueños, ya que los museos “no son rentables”, como afirma Eduardo García. “Todos cuestan dinero al contribuyente, el museo ha de tenerse por una actitud de mecenazgo de la propia sociedad”. Es por ello que sentencia que él está dispuesto a sostener un museo donde se vea “representado como colectividad”, ya sea malagueña, andaluza o española. “Difícilmente voy a estar de acuerdo con que mi dinero se destine a una serie de productos comerciales que a mí no me dicen nada”.

Iniciativas como el museo Art Natura, en los que el cabildo municipal invirtió más de 25 millones de euros, no ayudan a favorecer esa imagen de beneficio. Pongámonos en escena: en enero de 2012 este espacio abrió sus puertas. Lo llamativo fue que solo permaneció abierto dos horas, y durante este periodo contó con cuatro visitantes. Desde entonces permanece cerrado por problemas contractuales, de licencias y, principalmente, de seguridad. El museo ocupa una de las plantas del edificio de la Tabacalera, para cuya remodelación se destinó cerca del 80% de la inversión —si bien es cierto que el Museo Estatal Ruso aprovechará ahora la sede—. Estos dos nuevos espacios, junto con aquellos que ya conformaban la oferta cultural de la ciudad, parecía estar dirigidos en exclusiva al turista.

El Museo Carmen Thyssen albergó 180.000 visitas en su primer año de vida. || ANDREA RODRÍGUEZ
El Museo Carmen Thyssen albergó 180.000 visitas en su primer año de vida. || ANDREA RODRÍGUEZ

A pesar de ello, el público malagueño se acerca a las pinacotecas cuando la oferta realmente les interesa. Gema Chamizo estipula que al menos la mitad de las personas que visitan el CAC son malagueños, aunque también puede influir el hecho de que este espacio cultural sea gratuito. En la mente de todos están las largas colas que albergó el centro en la inauguración de la exposición Holding Emptiness de la mediática artista serbia Marina Abramovic. ¿Cuáles son las principales razones por las que los malagueños no acuden a los museos? Eduardo García lo tiene bastante claro: “Málaga lo hace todo pensando en el turista, no lo hace pensando en el malagueño”, dice matizando que está dirigido principalmente al crucerista: visitantes que tienen pocas horas para recorrer la ciudad y tienen que seleccionar aquellos lugar más significativos. “Hay dos tipos de cruceristas: está el que visita el museo porque es un especialista del tema, le encanta y es un poco friki, o aquellos que desembarcan en Málaga esperando tomarse una cerveza en la calle Larios”.

Las visitas de foráneos es uno de los elementos que más preocupa al director de museo. Javier Ferrer, gerente del Museo Carmen Thyssen, cree que uno de los grandes problemas radica en las visitas escolares: “Cuando yo era un niño, las excursiones culturales normalmente consistían en visitar la fábrica de Coca-Cola y Gibralfaro. No recuerdo una visita con mis profesores a un museo”. El disfrute de la visita a una pinacoteca depende del entendimiento. Para ello, “la educación es clave”, afirma Eduardo García. La cultura “difícilmente” ha calado en la sociedad porque “es una labor de décadas”. “La gente, si no está educada para ir a ver un museo, jamás va a ir. Es cierto que para Málaga, a nivel artístico, el Museo Picasso fue un revulsivo. Pero en la ciudad a Picasso no lo entienden, porque para entenderlo hay que tener una educación artística”. En la misma línea se mantiene Santiago Eraso, investigador y gestor cultural, que aseguró en una entrevista en Diario Sur que “es fundamental y esencial construir ciudadanos libres, independientes, con capacidad crítica y con capacidad para asumir su responsabilidad en el derecho a la ciudad”. Ha de fomentarse esa educación, “entendida como una forma de espacio público ampliado, más allá también del sistema estrictamente educativo”, añade el experto.

Porque tal y como sostiene Michael Sorkin, arquitecto y crítico de la revista The Nation, “la medida del éxito de los museos —número de visitantes, beneficio turístico, ventas souvenirs…— no son precisamente los parámetros por los que se debería medir el arte”.

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Marta Espartero

Soy un zóon politikón en toda regla.

Un comentario sobre “Cultura, taquilla y marca

  • el 6 febrero, 2015 a las 10:19
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    Gran reportaje. Veo que han tenido problemas para hablar con el director del CAC, Fernando Fancés. ¿No os quiso atender, verdad? A nosotros nos ha pasado lo mismo. Es un tipo bastante desagradable que siempre rehuye a las preguntas de los periodistas. Su gestión es bastante sospechosa y la corrupción plaea sobre su cabeza desde que llegó a Málaga. Una pena para vuestra ciudad. Un saludo!

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