Juan Antonio Vigar: “La cultura consigue que seamos más libres y más felices”

Lo detuvimos entre el desorden de la zona de prensa, entre cafés y reuniones, entre charlas y discusiones. Amablemente nos concedió “unos minutos” que se prolongaron a más de cuarenta. Juan Antonio Vigar (Málaga, 1958) es el director gerente del Festival de Málaga. Cine Español y de Iniciativas Audiovisuales, S.A.. Además, es licenciado en Ciencias Químicas y en Derecho por la UMA. También ha sido coordinador general del Área de Cultura y Educación de la Diputación de Málaga, ha trabajado en diversos medios de comunicación y escrito diversas publicaciones de investigación audiovisual. Entre otras muchas cosas. Empezó chocante: “Tenéis que saber ganaos al entrevistado, si me hubierais dicho que vuestro medio se llama La General por El maquinista de Buster Keaton me hubiera quedado anonadado”, y anonadadas se quedaron nuestras caras entonces. La empatía y humanidad que desprende hicieron el resto. “Tenéis todos los motivos y todos los elementos para sacar informaciones muy chulas, estupendas y que lo aprovechéis me parece maravilloso”.

-Por Isabel Ruiz y Marta Espartero

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Sabemos que es licenciado en Ciencias Químicas e hizo estudios de Derecho. ¿Por qué?

Y, ¿por qué no?

Viendo su recorrido, a priori, no es nada relacionado.

Soy una persona que, de alguna manera, me podría definir o dibujar aquella imagen del hombre renacentista que era capaz de extraer conocimiento de la ciencia, era capaz de profundizar en toda la riqueza que te puede ofrecer la literatura, sentirse emocionado por la astronomía o remansarse escuchando la poesía o ante una obra de arte. Yo creo que eso es un poco lo que yo en la vida intuitivamente he ido buscando.

Las circunstancias por las que estudié Química se remontan a una situación en la que un joven tiene que vivir en base a las circunstancias familiares, económicas y demás. Además, yo soy un niño de un bachillerato en el que te obligaban a elegir a los 14 años. Era una decisión absolutamente trascendental, se sentaba un señor a tu lado y te decía: “¿ciencias o letras?”. Con esa edad, en la época en la que estamos hablando, que ya es un poco del Paleolítico, yo no me sentía capacitado para tomar decisiones, y esa disyuntiva la resolví de un modo muy simple: les pregunté a mis amigos hacia dónde iban ellos, y decidieron ir a ciencias. Como era muy buen alumno y me movía con soltura en ambos mundos, pues les seguí por amistad y a partir de ahí sigues por un camino en el que esa decisión te va a marcando siguientes objetivos.

Tenía muy claro desde que era muy pequeño que mi idea era marcharme a Madrid a estudiar Cine, tan claro como que no era posible, porque las circunstancias familiares y económicas no me lo permitían. Entonces, ya en el camino, en las sendas de las ciencias, decidí estudiar Químicas. Luego, la vida y las circunstancias me fueron empezando a empujar, al entrar a la universidad, hacia algo que me apasionó desde el minuto uno: la radio y el mundo de la cultura. Con 17 años estaba haciendo radio y desde entonces no la he abandonado. He estado en un medio que me apasiona, y, a partir de ahí, empecé a entrar en el mundo de la cultura. Siempre he llevado en paralelo dos vidas, es como una especie de Jekyll y Hyde, pero tranquilo y sosegado; por una parte seguía mi vida profesional y por otro lado mi afición y mi placer que es el cine y la gestión cultural, el mundo de la radio, de la música… en fin, todo lo que de alguna manera me colmaba. Eso hizo que con el paso del tiempo, indagara otros caminos. Es muy largo de contar, pero acabé metido en el mundo del Derecho y viviendo profesionalmente de la administración a través de unas oposiciones que aprobé. Pero siempre mi intención fue volver al mundo de la cultura, lo seguí simultaneando, empecé a dirigir el aula de cultura del Diario Sur, estuve 13 años con ese proyecto y siempre fueron dos caminos en paralelo, pero que no conseguí que finalmente confluyeran, hasta que me incorporé al proyecto del Festival en el año 1999, en la segunda edición.

A partir de ahí es un poco ya la vida que la gente más me conoce y más viva está, que ha tenido alguna interrupción porque uno, en la vida, tiene que ser feliz y buscar otros proyectos pero al final he vuelto y se han vuelto a juntar mis dos vidas fundamentales. Tengo mi cargo dentro de la sociedad que gestiona el Festival, que es Director gerente, es decir, que yo me encargo de todos los contenidos y de darles un sentido y una lógica a lo que es el Festival tal como lo veis pero, por otro lado, tengo que llevar una labor gerencial, y entonces mi formación en la administración y mi formación como gestor cultural confluyen en este momento y en este trabajo que para mí es un absoluto privilegio y me hace muy feliz. Prácticamente os he contado mi vida en escasos minutos.

Comprendemos lo que quiere decir con la magia de la radio.

He trabajado en cuatro radios distintas. Siempre ha sido un Guadiana en mi vida. La radio me ha dejado y luego ha vuelto a mí, y me he abrazado a ella siempre. Empecé en el ’75 en Radio Juventud, luego Radio Cadena, luego en Canal Sur y finalmente en Punto Radio. Es el medio por el que encuentro más pasión, el que más me gusta y en él me encuentro muy cómodo. Me ha enseñado a expresarme y en gran medida os animo a que sigáis por ese camino, que disfrutéis de la radio, que es un medio apasionante y tremendamente creativo. Genera una complicidad y una cercanía con el oyente fuera de lo común y que si tenéis la oportunidad, intentad vivirla y disfrutarla al máximo.

Queríamos preguntarle también por el futuro del periodismo y de la comunicación audiovisual.

Es cierto que hubo un momento, hace unos años, en que se produjo una eclosión de los medios y de algún modo llevó a los responsables a abrir facultades de Ciencias de la Comunicación donde se formaran especialistas en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Las circunstancias socioeconómicas han cambiado mucho y ahora el sector está en un proceso de redefinición.

El cine está haciendo lo mismo, en buena medida, y está viviendo una revolución. La llegada del digital ha transformado todos los sectores que forman el cine español. La producción se ha tenido que redefinir con la democratización que esto ha supuesto, porque ahora es más fácil que la gente disponga de unas cámaras digitales para armar más proyectos aunque hace falta dotarlos de recursos. La parte de la distribución necesita estudiar el estreno en las tres ventanas: el cine, el DVD y el visionado bajo demanda. La exhibición se está transformando radicalmente porque hoy por hoy las salas de exhibición están teniendo que digitalizarse, con lo que eso supone de inversión.

La transformación de lo digital ha llevado a una revolución del sector y, en paralelo, también el periodismo debe estudiar, como lo estamos haciendo en el cine, cuál es la problemática y los caminos que se abren. Las soluciones deberán llegar del consenso de todos y de la redefinición de muchos esquemas. Cuando hay una revolución nada es igual y en el periodismo nada va a ser igual que antes. Creo que si los periódicos deben quedarse en medios más de opinión que de información es porque lo digital los está dejando obsoletos a la media hora de salir, ese dato debe ser en gran medida un punto de inflexión que haga saltar la imaginación para empezar a tomar decisiones.

Y más concretamente, ¿qué opinión le merece el trato que se le da al periodismo cultural?

He hablado con algún director de medio y le he dicho: “Estáis haciendo un flaco favor a la cultura, porque estáis utilizando a los periodistas, entiendo que por razones meramente económicas. Los hacéis pasar demasiadas horas frente a un ordenador maquetando páginas y no salen a vivir. Si hablan de cultura tienen que ser personas que tengan tiempo para ir a los actos culturales, disfrutarlos más y no estar diez minutos para sacar cuatro datos y salir corriendo, tienen que poder leer, tener la capacidad de irse formando como personas para, a partir del criterio, poder analizar lo que le ofrecemos”. Creo que el periodismo cultural, aun respetando muchísimo a quienes lo hacen, necesita crecer. Nosotros, como festival, nos imponemos siempre crecer y en muchas ocasiones hay muchos periodistas culturales que no han crecido mentalmente para entender lo que tienen delante. No es un reproche sino una observación que creo que nace de lo que leemos y, muchas veces, de la falta de coherencia, rigor y recorrido de lo que se nos está poniendo en una página o en un micrófono de radio. No es culpa de los periodistas, todos querrían de alguna manera poder formarse mucho más, pero entiendo que las circunstancias empresariales están ahogando esa posibilidad. Impiden que se pueda enfocar el periodismo más desde lo cultural que desde lo empresarial. Animo a que eso entre en ese matraz de elementos para que, cuando los pongamos a reaccionar, el destilado que saquemos sea el futuro del sector, de personas que se han desarrollado intelectualmente, que tienen capacidad de análisis y tiempo para formarse, y respaldo de sus empresas para ser mejores periodistas, que es lo que os merecéis.

Entonces, ¿qué es más importante, la formación o el propio talento?

El vivir del talento solo difícilmente lleva a la consecución de objetivos. A mí me parece que el talento es el motor de impulso, como la batería de un coche. Hay que arrancarlo. El talento está muy bien para tener la idea pero yo te puedo decir que si no va acompañado de muchas horas de trabajo, de dedicación, de reflexión y de autocrítica no nos va a llegar a la finalidad que estamos persiguiendo. En el Festival debatimos mucho sobre las cosas, analizamos las ideas que vamos teniendo, las ponemos en común y de ahí sacamos decisiones, pero estas llevan muchísimas horas de trabajo y muchísimo esfuerzo. Es un trabajo de muchos meses y de alguna manera es imprescindible para llegar a los objetivos.

_MG_6555La formación es fundamental, pero no solo la reglada, y empieza por reconocer que tú aprendes todos los días, cosa que yo hago. Ahora mismo con vosotras aquí estoy aprendiendo un poco a partir del rigor con el que planteáis las cosas para ser tan jóvenes, de lo atinadas que han sido vuestras preguntas a Antonio de la Torre, que se ha quedado con un largo silencio antes de responder, de la inocencia con la que me planteáis las cosas y yo las recibo así porque ahora estáis hablando, no con el director del Festival, que también, sino con una persona que tiene cosas que aparentemente os pueden interesar y os las cuenta.

La formación es mucho más compleja que una cantidad de textos o enseñanzas regladas. Hay que partir de un espíritu y una forma de aprender la vida, de un aprendizaje constante de todas las pequeñas cosas que te vas encontrando a cada paso, y a partir de ahí formaros en las enseñanzas más académicas, en esos ratos de ocio buscando lo que os complemente como personas e incluso abriéndoos a experiencias nuevas en cuanto a conocimientos que al final hacen que uno sea como es. Toda esa formación a la que aludo que es, desde lo emocional a lo intelectual y a lo meramente académico, lo que te va a definir como persona y llevar claramente a ser ese gran periodista con el que soñáis ser.

Aprovechando que usted ha estado vinculado con el ámbito local de diputación,  ¿piensa que se está haciendo lo suficiente desde ahí para fomentar la cultura?

Desde el ámbito local, sí. En diputación he tenido contacto con los 101 (ahora 103) municipios de la provincia de Málaga y sé del esfuerzo de los concejales, de los técnicos, de los coordinadores de cultura, de todos y cada uno de los pequeños y grandes municipios de la provincia de Málaga. Es un trabajo muy callado, de mucha dedicación y para mí admirable. El tiempo en el que tuve el placer de dirigir el área de Cultura de la diputación de Málaga intenté ayudarles, en la medida de lo posible, en todo lo que pudiera porque creo que la cultura es un instrumento para la formación emocional e intelectual de las personas y a partir de ahí lo que se consigue es que con ese desarrollo las personas sean más libres y por lo tanto más felices. A mí me parece que ese trabajo que se realiza en los pueblos es un trabajo, muchas veces, sin los recursos que uno quisiera, de mucho esfuerzo, hecho por grupos pequeños, a veces son personas individualmente, que hacen todo para que eso salga. Me parece que desde el ámbito local hay un enorme deseo de que la cultura crezca en quienes les corresponde llevarla  hacia delante. Otra cosa es que luego se les dote, por los responsables municipales, de los recursos que se necesitan. Yo ahí hago una llamada a que la cultura crezca porque creo que es la base para todo el desarrollo de los colectivos ciudadanos y lo vemos en Málaga.

Málaga está viviendo un momento muy dulce en materia cultural. Todas las iniciativas propulsadas por el ayuntamiento están convirtiendo la ciudad en un referente en lo cultural y a la vez la cultura genera empleo, genera trabajo y desarrollo económico. Me parece que esa atracción que provoca el turismo cultural hace que todo el conjunto del sector servicios y de los colectivos de la ciudad se beneficien, pues en gran medida creo que habría que llegar a esos compromisos por parte de todos de hacer esa gran apuesta por la cultura.

En torno al festival, ¿qué es lo más difícil a lo que usted se ha enfrentado?

Son muchas cosas. Esto lo voy a dejar para cuando escriba mis memorias, que ya tengo en un cuadernito muchas cosas apuntadas (risas). Cada día supone, en mi caso, una permanente toma de decisiones y la experiencia de los años me ha enseñado de alguna manera a ver lo que cada decisión comporta en el corto, medio y largo plazo. Decía alguien que planificar no es analizar o prever los efectos que una decisión provoca en el futuro, sino de alguna manera cómo ese futuro se construye desde el presente. Tenemos que tener muy claro los que gestionamos cultura que cada decisión nos lleva a una encrucijada que hay que resolverla desde los mismos criterios de partida. ¿Cuál podría ser la anécdota propia para este caso? Pues no lo sé, probablemente cuando te enfrentas a lo cotidiano parece como si todo estuviera hecho ya y te das cuenta de que de acuerdo a esa ley inexorable del azar te puedes encontrar con que de pronto donde no había un problema surge un terremoto. No me gusta recordar los momentos convulsos y complicados, que son muchos, porque me gusta cargarme de positividad para afrontar el día.

¿Y lo mejor?

Voy a ser muy honesto: fue cuando me dieron la oportunidad, la responsabilidad y, a la vez, el privilegio de dirigir el Festival. Yo había trabajado para el Festival muchos años pero tenía mis ideas particulares y propias que he podido desarrollar desde el momento en que me puse esa etiqueta de ‘director’ y me puse a trabajar para el Festival. Ese puede ser el momento en el que se mezcló un poco el temor del futuro con la ilusión por un proyecto en el que creo firmemente. Muchas cosas se dieron en ese momento y quizás por eso sea uno de los momentos más bonitos que recuerdo recientemente.

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¿Se atrevería a destacar un personaje, un actor o un director de esta edición y una actividad?

No solo de esta edición. Para mí Orson Wells es un referente en mi vida. Creo que es uno de los grandes genios contemporáneos, del siglo pasado y del audiovisual. La elección de Campanadas a medianoche como ‘película de oro’ de este año es una decisión muy personal porque para mí Wells es el creador de la cultura a la que me refería antes, sin ningún tipo intelectual de primer calado, que profundiza en la obra de Shakespeare y a partir de ahí llega, con el paso del tiempo, a generar esta idea. Su obra me parece maravillosa y, además, ayer citaban en la gala una frase que yo le apuntaba al guionista, que leí alguna vez a Orson Wells y que debemos recordar. Él le dijo a una chica: “Señorita, debería usted pensar que la vida es cine y que el cine es la mejor forma de volver a la vida”. Yo creo que eso resume ante quien te encuentras.


Y una actividad… Pues vengo flipao del Gastroweekend (nosotras también: http://www.lageneraluma.com/la-orgia-sensorial-del-festival-de-malaga/). Ha sido una experiencia sensorial de primerísimo nivel. El poder ver el documental de Dani García y después poder sentirlo al comer, que te exploten los sentidos con cada uno de sus platos me parece que ha sido una experiencia única y singular. Ningún otro evento hace algo así. Hay experiencias parecidas y algunos apartados culinarios en festivales pero son de otra forma, aquí lo hemos querido hacer todo en una sala de cine. El público ha entrado a las 11:30 y ha salido a las tres de la tarde  y se les ha pasado todo en un minuto, porque ha sido una sucesión de momentos sensoriales, de experiencias únicas en torno a la comida de Dani, su vida personal… Yo me quedo con  ese momento para esta edición y para muchos años más y sobre todo para ese ‘tesorito’ que uno tiene en su corazón de todo lo vivido en estos festivales.

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