La comuna SICUE umeña

Suyas son algunas de las nuevas caras que aparecen en clase a principio de curso. Ellos son los que te hacen pensar “¿pero y este de dónde viene?” al ver que, en ocasiones, hablan español mejor que tú. Los ‘sicues’ son un grupo de estudiantes que llegan a nuestras aulas a través del programa de movilidad SICUE, una forma más de salir de tu nido universitario. Este ofrece la oportunidad de realizar parte de tus estudios en otra organización española distinta a la tuya, garantizando el reconocimiento académico.

Casi 150 estudiantes de distintos puntos de España rezan en el grupo de Facebook SICUE Málaga 2015/2016, creado para “compartir opiniones y ayudarnos entre todos”. Nos hemos colado en él y hemos hablado con varios umeños de adopción para saber cómo ha empezado su aventura. Y es que ellos ya sienten nuestra universidad como suya y, en ocasiones, el amor que le profesan deja mucho que desear al sentimiento umeño de pura cepa.

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Pero, ¿por qué SICUE? ¿Por qué Málaga?

Julia llegó cargada de ganas de vivir en una ciudad andaluza y de conocer otro modo de enfocar la universidad. Puso rumbo desde la Universidad de Alicante hasta El Ejido, hace cuatro meses, para estudiar Arquitectura. “Málaga tiene mucha historia y podía ayudarme en cuanto a emocionarme más con la carrera”, nos cuenta. Confiesa que traía muy buenas expectativas y que éstas -asiente decidida- “se han rebasado por completo”. “SICUE es una experiencia bastante enriquecedora, conoces a personas de distintas partes de España que buscan lo mismo que tú: conocer gente nueva, una nueva ciudad y una nueva forma de enfocar las carreras”. Laura cambió la Universidad Jaume I (Castellón) por la UMA en su último curso de Comunicación Audiovisual. Explica que eligió SICUE porque estaba harta de su universidad y quería cambiar de aires. “Descarté Erasmus porque, en cuarto, se me había pasado el arroz”, añade. Es otra enamorada del sur, por eso puso el ojo en Málaga. Tres meses después de su llegada afirmaSin título-1: “Me lo esperaba mejor, pero no es decepción”.

Integración en la UMA

Las buenas noticias, primero. Julia, la futura arquitecta de adopción, halaga el carácter umeño describiéndolo como “más abierto y familiar”. Para ella, ese es el gran factor diferenciador de la UMA: “Mi facultad es pequeña, puedes comunicarte fácilmente con los compañeros y te apoyan con sus conocimientos. No sé cómo será Teatinos pero el Campus de El Ejido me gusta”. Vanesa, que viene desde la Universidad de Burgos, nos confiesa que siente que la gente los mira de forma extraña. “Somos los bichos raros”, afirma a la vez que defiende que es normal que, “al llegar de nuevas, no puedes establecer relaciones con todos como amigos de toda la vida”. Laura ratifica este punto de vista: “En mi clase no se me han acercado; poca clase, poca sociabilidad”. En plena lucha por la subsistencia, ellos ya han formado su peculiar comuna: “Los ‘sicues’ salimos todos los días, nos reunimos por zonas. Hay gente que conozco desde mayo. Llevamos en un grupo juntos desde antes de llegar y es más fácil establecer relación con ellos que con los compañeros de clase”, nos cuentan. “Los ‘sicues’ son estupendos, somos como una gran familia”.

¿Hay grandes diferencias entre las universidades?

Cuando les preguntamos por las desavenencias entre sus universidades de origen y la UMA, dudan. Llevan unos meses aquí y no tienen el boceto completo de cada una de sus nuevas facultades. Al final, sacan algún detalle a relucir. María, una futura médica que viene de Murcia, pone el foco en los docentes: “Los profesores con los que he tenido contacto hasta ahora son más ‘buenos’ por así decirlo, van con intención de ayudarte” [sic]. Julia, por otra parte, nos habla de la metodología y la docencia. Nos cuenta que las clases técnicas son similares a las de su facultad de origen aunque en las más conceptuales ha encontrado el cambio que buscaba: una nueva forma de enfocarlo.

Pros y contras de la UMA

Para María lo mejor de la UMA puede ser el periodo de exámenes, “está muy bien repartido”. Lo peor, “no he visto nada que sea malo”, afirma, aunque luego añade algo sobre unas prácticas: “En mi universidad son todas en un hospital, aquí, pocas. Aquí solo duran una hora en la que nos limitamos a seguir al médico, allí, 6 diarias en las que llegamos a hacer la exploración completa tras el residente”. Para Laura, lo peor también son las prácticas. Nos explica que las proporciones teoría-práctica difieren a las de su universidad de procedencia (2+2 y no 3+1), y amplía la lista: aún no tengo WiFi, el papeleo al llegar es mareante, etc. La opinión de Vanesa es contundente y se puede resumir fácilmente con estas palabras: “Aquí llego y parece que estoy de vacaciones”. Entre risas, nos insiste en que destaquemos que lo mejor son los precios de cafetería y el microondas para calentar la comida.

Aún tienen tiempo para conocer los entresijos de la UMA. Entre un “estoy contenta” y un “espero que no me dé tiempo de hartarme de la UMA” se queda la conversación.

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