Ysabel Torralbo (Málaga Ahora): “La UMA debe tener una gestión más transparente y evitar la excesiva jerarquización interna”

  •  Respecto al cambio de siglas, de Ganemos a Málaga Ahora: “Nuestra vocación era llamarnos Ganemos Málaga, pero apareció un sinvergüenza y tuvimos que cambiar todos”.
  • “Creo que hay zonas de Málaga a las que sí podría venirles bien el metro, pero tengo dudas en si se han priorizado correctamente los tramos”.
  • “La Casa Invisible es un espacio de gestión ciudadana y es un ejemplo de madurez y responsabilidad”.
  • “La solución de los “botellódromos” no me gusta. Estarían bien unos espacios autogestionados por los estudiantes donde se pueda beber y hacer otras actividades alternativas”.

  Fotografía: Isabel Ruiz

La entrevista se concertó a las 13:00 horas, pero unos trámites judiciales le impidieron llegar antes de las 13:15. Ysabel Torralbo (Málaga, 43 años) es la candidata a la alcaldía por la todavía imberbe coalición de fuerzas políticas unidas bajo el nombre de Málaga Ahora. Es abogada y se presenta como la alternativa al “modelo de ciudad agotado” tras 15 años de poder del actual edil, Francisco de la Torre. Es fanática de la palabra “participación”, entendida como la apertura del poder político a la ciudadanía para la toma de decisiones de manera colectiva. Se confiesa de litroncitas (como las denomina ella) antes que de discotecas, y durante su tiempo en la facultad tenía como mayor referente al bocadillo de tortilla de patatas. “Como una trabajadora”, dice mientras posa para las fotos de rigor con los dos bolsos que lleva a cada brazo. Nos cuenta con orgullo que perteneció a una de las primeras generaciones que pisó la Biblioteca General. Empezó Derecho en la UMA, pero la abandonó y terminó posteriormente por la UNED porque “se aburría”.

—Por Javier Pachón y Carlos Pajariño

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¿Qué recuerda de su etapa universitaria?

La recuerdo ajetreada. Yo empecé Derecho en El Palo y en el segundo curso, creo que fue, vinimos al Campus. Fue un cambio, porque realmente aquello era muy pequeño, como muy local, muy cercano porque yo soy de El Palo. Al llegar aquí, yo tenía la expectativa muy alta, y la Facultad a nivel de organización tenía problemas de espacio porque no se había gestionado bien su inauguración… Hubo goteras (risas). Pero, bueno, el cambio positivo fue que estaba en contacto con otras facultades y que luego abrieron también la Biblioteca [General]. Yo iba por la tarde, me sentía más cómoda, me organizaba mejor y me gustaba estudiar por la noche. El ambiente era, quizá, maduro porque había gente de todas las edades y eso siempre es bueno, ya que aprendes de gente más mayor. Y bueno, a lo mejor, cuando ya llevas algunos años te das cuenta de que no era lo que esperabas, de movilización, de acción política… Ya tenía yo el gusanillo (risas). Y ya, me aburrí un poquillo. Pero bien, es una etapa en la que te sientes ya adulto, con mucha proyección de lo que vas a hacer en tu vida, con muchas ideas. Algunas se cumplen y otras no, pero con muchas ganas de aprender y mucha curiosidad.

Y su salida de la Universidad al mundo laboral, ¿cómo fue?

Estaba ya finalizando y empecé a colaborar con algún abogado, porque la suerte que tenía es que mi padre era abogado, aunque falleció pronto, cuando yo estaba estudiando; y mi madre también se dedicaba al asesoramiento laboral y fiscal de empresas y tal, entonces tenía facilidad para encontrar trabajo. De hecho, yo trabajé desde los 15 años dos veranos haciendo los típicos recados de llevar papeles a la administración y cosas así. En ese aspecto yo lo tenía fácil: elegí una carrera que me gustaba, tenía vocación, y era ‘donde me había criado’. Mi padre fue abogado, hizo graduado social y luego Derecho. Estuvo en los primeros despachos laboralistas en Málaga, se lo comentaba a Manuela Carmena [candidata por Ahora Madrid] el otro día, que al igual que ella estuvo allí con los abogados de Atocha tan conocidos, aquí hubo un pequeño despacho que trabajaban por temas laborales. Ellos trataron con las pocas fábricas que había en Málaga, y en la época de crisis de la Transición, ellos crearon unas cooperativas y los propios trabajadores se quedaron gestionando las fábricas. Entonces yo todo eso, como se dice vulgarmente, “lo había mamao”, y a mí me motivaba mucho ese tema. Empecé a trabajar con algún abogado, a hacer un poco de pasantía, y ya luego a trabajar en la asesoría en temas laborales de autónomos, sobre todo, y pequeñas empresas, que en Málaga tampoco las hay grandes.

¿Cómo recuerda esa etapa de emancipación?

El cambio fue grande, también es verdad que en esa época me independicé, me fui a vivir al centro, que no tenía nada que ver con el de ahora, era mucho más… cutre (risas). Las casas en el centro eran baratas, hechas polvo, pero había algunas preciosas. Tener tu primera casa, porque entonces era más fácil, a pesar de todo. Es verdad que eran casas muy viejas, que tenías que compartir porque no te daba para vivir solo, que te daban muchos problemas porque te quedabas sin agua caliente, los suelos se levantaban… Pero la sensación de poder decir “bueno, tengo un trabajillo, tampoco gano mucho, pero me da para pagarme la casa y vivir” es una situación que ahora es súper complicada de conseguir. Han cambiado mucho, también lo que uno tiene que alcanzar en el mundo laboral, pero es que ni siquiera hay niveles ahora: o consigues eso o no consigues nada. Para mí eso es un problema, yo nunca he necesitado grandes cosas para vivir, lo necesario para tener un confort, pero tampoco grandes lujos, y en esa época podías conseguirlo. En un piso viejo, pero en el centro de Málaga, cerca del ambiente del cine, del teatro… Y eso te enriquece mucho.

¿Qué tipo de universitario cree que puede ser el potencial votante de Málaga Ahora?

Ese tipo de persona al que le preocupe mucho el tema de la educación, la cultura y el desarrollo personal. Que se tome eso del desarrollo personal como algo muy importante para él y para la sociedad en conjunto. Sería quien tenga un poco de conciencia de lo que significa ser estudiante, que te estás formando para tener un futuro en una sociedad en la que vas a tener tu espacio, pero que la sociedad también te tiene que brindar un cierto acomodo en el que tu puedas desarrollarte y a la vez aportar algo. Yo siempre lo he concebido un poco así: mirar para que uno progrese, pero también para que la sociedad progrese contigo.

Entre ese público joven, tienen un gran tirón, ¿a qué cree que se debe?      

Creo que hay jóvenes que, precisamente, ven eso: la situación, la dificultad que tienen para integrarse en el mercado laboral, que le afecte en sus decisiones, en su forma de trabajar y de desarrollarse en conjunto, particularmente para ganarse la vida también, pero que te permitan decir “bueno es que no quiero trabajar en cualquier cosa, yo quiero trabajar en lo que he estudiado y por lo que me he preparado, porque sé que lo voy a hacer bien”. Entonces, el tener esas puertas tan cerradas también hace ver que nosotros tenemos esa sensibilidad, que queremos que una persona se sienta bien y se dedique al entorno para el que se ha preparado, no a una sociedad competitiva que te pide 40.000 títulos y que tienes que hacerlos ‘porque esos son los que tienen salida’ y no hacer aquellos por los que tienes vocación. Y que, además, tienes que ser súper emprendedor y empresario para todo y te tienes que aguantar con lo que haya pero que “oye, ya llegarás”. Pues llegarás o no. La vida digna y el desarrollo personal tienen que ser en todas las facetas de la vida.

En ese espectro de edad les sacan una gran diferencia a Izquierda Unida, con el que guardan muchas semejanzas. El mismo Eduardo Zorrilla lo admitía

Hay motivos, porque aunque Izquierda Unida pueda tener ideas muy cercanas, y no lo vamos a negar, luego las prácticas y la forma de transmitir y de creer en las relaciones sociales es demasiado esquemática y rígida. No entienden las nuevas maneras de relacionarse, de cooperar, y en ese aspecto se descuelga de la forma en la que nosotros entendemos el desarrollo en la sociedad. La gente quiere sentirse muy libre en cada momento. Que tú salgas y puedas trabajar en lo que te gusta también es libertad. Pero si luego te marcan unos patrones muy esquemáticos de cómo te tienes que relacionar, pues no encaja bien. Yo creo que ese es quizá el problemas que tiene IU en la gente joven, a la que todavía les está marcando: “No, tienes que tener conciencia de clase, tienes que hacerlo así y estar con la pancarta todo el día”. Pues, bueno, hay que ser luchador, eso es indudable, pero nadie te puede decir cómo, tú puedes tener tu propia forma creativa de hacerlo. En muchos aspectos, ese es el problema.

En cuanto al sistema universitario, en la actualidad, hay un 40 % de profesoras, un 20% de catedráticas y una sola rectora: Adelaida de la Calle. ¿Qué sucede para que se mantenga esa desigualdad?

Pues que cuando avanzamos en los escalones de la jerarquía, en este caso educativa, pero en todos los aspectos de la vida, te encuentras con que hay una subrepresentación de la mujer y que sigue habiendo una brecha de género tremenda. Y, aun así, teniendo en cuenta que hay muchas más licenciadas que licenciados en muchas carreras, aunque las mujeres han demostrado que están muy preparadas, sigue siendo patente y cuanto más avanzas, más lo ves. Pese a todo, hay mucho lastre. Vivimos en una sociedad patriarcal y este es solo otro reflejo más de ella.

Siguiendo con la universidad: en Andalucía nos encontramos con diez centros universitarios para ocho provincias. ¿Son necesarios todos estos centros?

Es complicado. En mi época, por ejemplo, había muchos centros menos y la referencia de ciudades universitarias como Granada era muy fuerte, le daba mucha identidad a la ciudad en sí. Era muy importante que eso no se perdiera, una ciudad que había sido un referente universitario. Pero también es cierto que para mucha gente el hecho de estudiar en otra ciudad se le hacía muy difícil. Quizá, Granada al no ser muy grande permitía que mucha gente de pueblo pudiese ir a estudiar allí, y en otras zonas se complica un poco más. El exceso tampoco creo que sea muy sostenible si lo que se hace es multiplicar el número de accesos, pero luego no el desarrollo: centros en los que no se profundiza. Desde luego, hay que facilitar la posibilidad de estudio a todo el mundo, pero quizá no hacían falta tantos centros, sino universidades de más calidad donde hubieran más becas y posibilidades donde los estudiantes pudieran llevar su camino.

Hay un tema que afecta de lleno a muchos universitarios que no son de Málaga capital y que han sacado Ciudadanos y UPyD a debate: la reestructuración de los municipios. ¿Dónde se posiciona Málaga Ahora en ese asunto?

Nosotros creemos mucho en la autonomía municipal como una entidad básica de participación y gestión de la común y las necesidades más inmediatas. Para mí, es muy complicado de plantear ese tema. Yo no soy muy partidaria, en principio. Claro, todo hay que estudiarlo, y si hay exceso de competencias… Nosotros creemos en el municipalismo y que debe fomentarse esa autonomía municipal, siempre que sea participativa y que se tomen decisiones de los ciudadanos cercanos, de los barrios y de las asociaciones y colectivos que trabajan, porque es mucho más fácil esa participación que si, por ejemplo, hablamos a nivel autonómico, que es mucho más difícil. Las particularidades se pierden, y en el municipio es donde se puede encontrar esa diversidad e integrarla. Además, ellos lo bajaban muchísimo. ¿De 8.000 y pico a mil y pico? Eso me parece una barbaridad. Hay competencias municipales que, obviamente, no tienen los recursos, pero para eso debe haber estructurada cierta autonomía financiera y otros recursos que vengan, por cómo está organizado el sistema tributario, como dotaciones para el nivel municipal. Sí que creo mucho en las mancomunidades. Se habla de las provincias, que tal y como están estructuradas no tenían mucho sentido, ahora sí porque han pasado muchos años, ya que se hicieron siguiendo un patrón muy antiguo que no corresponde con las identidades supramunicipales que serían más realistas como las comarcas. Para superar ese problema, las mancomunidades son interesantes. No sé, si habláramos más adelante, la posibilidad de reestructurar el ámbito provincial, habría quizá que ajustarlo a la realidad social y etnológica de cada espacio y darle más potencia a las comarcas y entes municipales más naturales que a los forzados. Hay veces que ves pueblos y dices “bueno y por qué este pueblo es de esta provincia si tiene que ver más con la otra”.

¿Qué cambiaría de la UMA en concreto?

Uy, eso lo sabréis vosotros mejor, yo fui estudiante, pero hace ya tiempo (risas). Me cuesta saber decirte claramente. Creo que tiene que haber una gestión más transparente. Hay cosas que he leído de la Fundación [General de la UMA] que no dejan en muy buen lugar. El tema de la participación es muy importante, yo creo que hay ganas. Lo que pasa es que, como siempre digo, si hay ganas de participar pero luego no se tiene en cuenta lo que se propone y trabaja, se desmotiva. En una sociedad como la que necesitamos ahora, en la que haya una participación ciudadana fuerte, tienen que abrirse los canales necesarios. En algunos aspectos creo que es muy importante. Evitar tanta jerarquización interna, ¿no? Una sociedad menos jerarquizada y más cooperativa funciona mejor. No vamos a quitar los poderes, claro: la rectora es la rectora, los decanos son los decanos y cada uno tendrá su papel. Pero esa jerarquía desmotiva porque no te sientes parte de la estructura, te sientes el peor, el último, como a veces nos sentimos todos, que nos llevan donde quieren sin que podamos tomar decisiones que nos afectan como colectivo, en este caso de estudiantes. Las pruebas son las reformas universitarias que se están llevando a cabo y cómo el sistema se está privatizando en muchos aspectos, perjudicando la propia educación y el futuro del país. Nos estamos haciendo daño, autolesionándonos. ¿Por qué? Pues seguramente hay intereses muy oscuros, opacos y muy particulares que poco tienen que ver con el interés común.

¿Y qué mantendría?

Ya te digo, yo ahora mismo tengo un conocimiento genérico. Pues seguir siendo una universidad de referencia, por el hecho de que Málaga es una ciudad importante con una dimensión de población fuerte. La gente tiene que sentir que esta universidad es suya y que está situada en buen lugar. También es importante que la participación y motivación se lleven a que los estudiantes progresen bien y sientan orgullo de haber estudiado en esta universidad. Creo que, en parte, hay ese orgullo, pero que se puede mejorar.

Durante la época de exámenes, la Biblioteca General acusa grandes colas, quizá por falta de horarios especiales en otras. ¿Tenéis alguna medida pensada para esto?

Nosotros estamos recogiendo medidas. Sí que se ha dicho que faltan espacios, pero para el estudio, para la investigación, para la creación cultural… Eso lo notamos en general en la ciudad. No es que falten inmuebles, sino que no están dotados o accesibles. Entonces, proponemos que, más allá de una sola biblioteca referente, ésta debe estar dentro de una red de bibliotecas que tengan que ver con la universidad y también en los barrios para que se dispongan los tiempos y accesibilidad. Eso no debe faltar nunca. Eso sí lo sufrimos, incluso en la Facultad, en Derecho, las aulas se quedaban pequeñas, no teníamos la Biblioteca al principio… y cuando estaba ya abierta, para conseguir una sala de estudio parecía que había que poner una instancia al ministro cuando había salas que estaban cerradas casi todo el año. Es algo ilógico, que veas un espacio disponible para estudiar y que te digan “no se puede utilizar”. ¿Por qué? Hay sistemas, software… Cada grupo con su tarjeta, haciéndose responsable, podría tener acceso a un sistema que regulase los horarios. La negativa esa, nadie la entiende y lo que hacen es desmotivarte cuando lo que quieres es trabajar y hacer cosas bien.

Un tema que es verdaderamente importante para los universitarios: el botellón. Ciudades como Granada tienen un “botellódromo” y aquí, no solo no se tiene, sino que además está prohibido beber en la calle. ¿Han pensado en alguna solución?

A mí, la solución de los “botellódromos” no me gusta, es como “ovejas, todos al redil a poneros ciegas y a ver de qué sois capaces”. No digo que la gente deje de beber, porque no va a pasar. Pero, quizá, si tenemos otras opciones, eso ayudará a la gente a hacer otras cosas que no sean salir a ponerse púa. Sobre todo, que aprendamos a vivir con todo: con el alcohol, con la calle y con los vecinos. Eso es lo fundamental. En mi época, sí se bebía en la calle (risas). Yo nunca he tenido problemas, porque había gente que terminaba y tiraba las cosas a la basura, intentaba no hacer excesivo ruido. Se trata de que la vida tiene esas facetas y hay que saber combinarlas, no encerrarlas. Se trata de buscar alternativas. Seguro que a los propios estudiantes que lo practiquen [el botellón] se les ocurrirían muchas más cosas que a mí y me dirían “oye, pues podemos hacerlo aquí y all”, en pequeños espacios donde nos relacionásemos y tuviésemos un espacio cultural’ o ‘pues queremos un sitio en el que haya una gran terraza y, así, aunque no estemos en la calle, estamos al aire libre’. Es normal, tampoco se pueden pagar los precios del que tiene un establecimiento. Entonces, unos espacios donde pudieras hacer un poco de todo, donde pudieras beber con moderación, que hay que aprender a beber, y donde pudieses hacer tus actividades siendo autogestionado por los estudiantes. A lo mejor, eso funcionaría mejor. No es lo mismo que te metan en un sitio a que te digan, “este sitio lo podéis utilizar y vosotros sois responsables de él”. Quizá, esto serviría para que se tomase conciencia de lo que se hace en cada momento y con el ocio.

¿Era usted de litronas o de discotecas?

De litroncita (risas). No de beber mucha cerveza, pero sí de estar en la calle charlando y comprarte una litrona. A mí me parece una cosa muy normal. Málaga lo pide. Si viviésemos en el norte, que llueve y hace frío… Pero aquí es normal. También íbamos a los bares y nos gastábamos el poco dinero que teníamos, pero llegaba un momento en el que decías “ni nos gusta estar dentro ni nos podemos gastar más de una copa porque se gasta el presupuesto”. Entonces, pues comprarte una litrona y estar con los amigos en una escalera charlando y riéndote, si eres limpio y cuidadoso, no creo que tenga que ser un problema. Creo que hace falta educarnos, y, como he dicho antes, autogestionar los espacios también ayudaría a eso, nos haría más responsables.

Y de la bebida a la comida, ¿cuál era su bocata favorito de la cafetería?

El de tortilla de patatas (risas). Siempre, desde el instituto.

¿Qué le distingue del resto de candidatos a la alcaldía?

Bueno, creo que nos distingue, porque esto es un colectivo, en este caso yo soy una figura más expuesta, que somos un equipo de gente que va creciendo en base a una cooperación colectiva para un programa, de unas decisiones tomadas de forma colectiva y de consenso. Tenemos una apertura hacia la sociedad y un entendimiento de la convivencia, que no es competitivo pero sí excelente porque creemos que con la cooperación se puede conseguir la excelencia más allá de la competición. Eso es un elemento diferenciador. Hemos trabajado un programa que ha sido respetuoso y muy avanzado en políticas que tienen que ver con género, por ejemplo, con temas de sensibilidad social, con la cultura y la educación. Pero en ámbito municipal, hablamos de ‘ciudad educadora’, que tiene mucho que ver en cómo la educación se integra en el día a día de los ciudadanos y en cómo la cultura es un derecho que tiene que estar más presente. Son un conjunto de aspectos que dan una idea de ciudad más armónica, inclusiva, más transparente, porque tiene mucho que ver con la democracia y la transparencia. Hemos aprendido y creído mucho en esa cooperación. Aunque nos digan que hay que competir, mira cómo está la situación y cómo la gente se siente frustrada en sus vidas y sus necesidades más básicas. Creemos que hay que dar un cambio de modelo a otras formas de organizarse.

Hace no mucho, Felipe González criticó el sistema de primarias alegando que la democracia interna no siempre está por delante del mejor candidato. ¿Cree usted que era la mejor candidata de los más de 30 que se presentaron a las primarias?

No, no la mejor. Creo que había gente súper estupenda. En ese momento, creo que era una persona con la que los demás se han sentido cómodos. Había otras personas, bueno casi todas, pero en especial algunas, que podrían haberlo hecho excelentemente. Quizá, la dedicación al proceso también me ha ayudado. He estado ahí desde el principio, y el impulso que le das, el estar currándoselo tiene su recompensa. Tenemos unos principios de “mandar obedeciendo”, como los zapatistas, y ahí creo que se sienten cómodos conmigo, porque acato bien las decisiones colectivas, sé llevarlas, las integro bien, asumo las críticas, tengo empatía con la gente y poca arrogancia. No tengo que demostrar que soy la más capaz, sino que soy una más, capaz entre todos los capaces (risas).

A ver, repasando su historia: primero empezaron por un lado Podemos Málaga y Ganemos Málaga; luego, Ganemos se dividió; ahora, se llaman Málaga Ahora; por otro lado está Málaga Para La Gente… ¿No cree que esto despista al electorado?

Hombre, sí. El proceso no ha sido fácil. Nosotros, realmente, empezamos con esa iniciativa como Ganemos, a rebufo de Barcelona, que fue la primera iniciativa municipalista de estas características, intentando que fuese un espacio de confluencia con los partidos políticos. Se trabajó para ello y se establecieron las bases, pero con IU no funcionó. En parte por esas formas y esa estructura jerárquica un poco antigua con la que costaba romper y aceptar una nueva forma de hacer política, de relacionarse, de entender a la gente… Eso provocó esa división. Además, nosotros nos vimos obligados a cambiar el nombre. Nuestra vocación era llamarnos Ganemos Málaga, pero apareció un sinvergüenza que quería un cachito de poder en una coordinadora estatal y tuvimos que cambiar todos: Barcelona, que era Guanyem Barcelona, cambió a Barcelona en Comú; en Madrid, a Ahora Madrid… Respecto a Podemos, ellos estaban en ese proceso de constitución interna y nosotros sí habíamos avanzado ya bastante. De hecho, uno de los aspectos era que fueran asentándose para ver qué apoyo había, y el acelerar los tiempos vino como presión de IU, que fue algo que tampoco nos gustó. Por eso y porque el proceso colectivo necesitaba un tiempo para constituir un programa. Se hizo un referéndum a la asamblea y el consejo dio las herramientas hasta que se pudieron tomar las decisiones. Podemos nos apoyó, aunque ya había gente de Podemos trabajando dentro, obviamente, igual que Equo, que también estaba desde el principio. Y, finalmente, el nombre fue ese. Respecto a Izquierda Unida y ese nombre, a mí me causa mucha, no sé si decir sorpresa, risa o qué, porque cuando veáis la papeleta os va a causar risas: hay una sopa o ensalada de siglas y, luego, pone Málaga Para La Gente’. No entiendo tampoco el cambio de color a ese morado, parece que quieren jugar al despiste.

En la presentación del programa electoral usted dijo que el Ayuntamiento de Málaga es “uno de los más endeudados de toda España”. ¿De qué manera se pueden aplicar entonces las medidas sociales y las políticas de municipalización de servicios que refleja dicho programa?

Creemos que es necesario retornar algunos servicios que consideramos importantes. El problema realmente no es económico. El tema que ahora se encuentra en el candelero es el de Limasa, que termina contrato en 2017, pero cuando los tiempos de expiración de la concesión se acercan la cuota de rescate es muy baja, así que ese no es el problema. Está estudiado, el comité de empresa ha llevado a cabo una labor de investigación y ha concluido que se podría ahorrar hasta ocho millones de euros al año con la remunicipalización. Además, con la vuelta de Limasa se podría tener una gestión más transparente del servicio de basuras. En cuanto a las medidas de contenido social, tendremos que realizar primero en el Ayuntamiento una auditoría pública de la deuda, para conocer adónde ha ido el dinero y a quién. Una vez visto el panorama, tendremos que buscar vías para renegociar esa deuda en base a préstamos, quitas, etc. Pero sobre todo, para saber qué se ha hecho con el dinero público, que es lo importante. Y luego, una mejor redistribución, mejor redistribución fiscal y de los recursos, porque cuando hay unas necesidades por parte de la población, el Ayuntamiento tiene que responder. Pero ese tipo de necesidades sí que son responsabilidad del Ayuntamiento, más allá de hacer infraestructuras museísticas con fecha de caducidad. Porque al final lo que debemos preguntarnos es si estos proyectos hechos con urgencia y rapidez, pese a dar notoriedad a la ciudad y atraer turistas, benefician o revierten en positivo la vida de la gente. Es cierto que si vienen más turistas viene a su vez más dinero a la ciudad, pero si ese dinero no se distribuye de manera más equitativa nos podemos dar fácilmente cuenta de que el actual modelo beneficia a unos pocos.

Otro de los puntos que trata su programa es el de la renta básica universal “sin excepciones”. ¿Todo el mundo tendría acceso a ella?

Bueno, para empezar, la renta básica es un punto que podría estar en nuestro ideario, pero realmente lo que proponemos es una renta mínima complementaria. Es decir, en base a lo que cada persona tenga de recursos disponibles, el Ayuntamiento complementaría con una retribución económica lo suficientemente importante como para que se alcance un nivel de vida digno. Sí que hay que decir que cuando hablamos de renta no lo hacemos solo del aspecto monetario, pese a ser el más importante. Pero hay otros instrumentos complementarios, como pueden ser bonificaciones en el transporte, bonos especiales para el suministro de agua o incluso alquileres sociales a través de un parque de viviendas que tenga el Ayuntamiento. Si con esas medidas, monetarias o no, se consigue que la persona tenga un mínimo nivel para garantizar lo básico de subsistencia podemos decir que hemos cumplido.

¿Era delegada de clase en el instituto?

Alguna vez, al principio sobretodo, luego ya me aburrí (risas).

En lo que a transporte se refiere, ¿cree usted que el metro era necesario?

Los medios de transporte colectivos mejoran la comunicación de la ciudad y eso es importante. Lo curioso del asunto es que cuando se hizo el metro se mejoró también la EMT (Empresa Malagueña de Transporte), y uno no termina de entender por qué no se mejoró antes el servicio de autobús. En cuanto al tema de la inversión, considero que se podría haber gestionado mejor, no ha sido lo suficientemente transparente y eso ha generado problemas. Una inversión tan grande requiere de más información y transparencia, amén de una mejor gestión general para que al menos dé la sensación de que es un servicio que requerimos todos. Pero nosotros creemos mucho en el fomento del uso de la bicicleta. Estamos viendo cómo en otras ciudades el Plan Director de la bicicleta se ha implantado y gestionado relativamente bien, y se nota la diferencia. Además, no es que queramos dar impulso a la bicicleta como medio de transporte habitual, sino que la bicicleta es mucho más, aporta una calidad de vida e influye de manera saludable en quien la usa.

Si se retrotrajese al año 2003/2004, cuando se planteó la construcción del metro por primera vez, ¿consideraría el metro una opción o no la llevaría a la práctica?

Creo que hay zonas de Málaga a las que sí podría venirles bien el metro, ya que Málaga es una ciudad muy diseminada. En lo que me surgen dudas es si se ha priorizado correctamente o en la manera de construirlo, que ha generado problemas en muchos barrios. La zona de la carretera de Cádiz ha supuesto una sangría enorme para los comerciantes del lugar, que además de la crisis se encontraron con las obras del metro y tuvieron que verse obligados a cerrar muchos negocios que podían haber aguantado de no ser por la planificación y el tiempo de las obras. Creo que se podían haber buscado soluciones alternativas para que no hubiese sido tan perjudicial. Además, a mi juicio quedan muchos sitios importantes en Málaga que no están conectados, y quieras que no, el metro te deja una sensación un tanto agridulce.

En la zona del Clínico hay una salida del metro a la superficie en la que se han producido ya cuatro choques, ¿han pensado en alguna solución al respecto?

Desde luego hay que tomar medidas, y tienen que ser los técnicos los que con cabeza y claridad, tomen una decisión porque eso no se puede tolerar. Está claro que en Málaga no tenemos la práctica de circular con metro en superficie, y eso a muchos conductores les cuesta, pero en mi opinión es un problema de diseño porque ese nivel de accidentes no es normal a estas alturas. La solución concreta no sabría respondértela ahora, pero lo que está claro es que hay que llevar a cabo acciones que acaben con el problema.

En la actualidad existe un bono joven para el autobús, pero no para el metro. ¿Prevé algún tipo de descuento para los jóvenes?

Nosotros creemos que debe haber un bono combinado. Porque además no tiene sentido que haya una competencia entre transporte de metro y autobús, debe haber una cooperación. Si queremos que la red metro funcione de manera adecuada debe organizarse con el autobús, de manera que ambos sean servicios complementarios. Antes de entrar a la Universidad estuve un año en Montreal, Canadá. Allí, desde cada estación partían líneas de autobuses que conectaban las estaciones con el resto de la ciudad, con lo cual toda la urbe estaba muy bien comunicada. Entonces, un abono combinado es fundamental. También hemos planteado rebajas para los niños menores de 6 años, para los acompañantes de las personas dependientes, etc. Lo fundamental es que la accesibilidad del transporte público debe ser para todo el mundo. Para lograr que sea accesible debe haber un descuento para determinados sectores poblacionales.

Hablando de cultura, ¿qué opinión le merece la nueva oferta museística por la que ha apostado Paco de la Torre?

A mí me gusta el Museo Pompidou, sobretodo el que está en París (risas). Me encantó, recuerdo que fui con 19 años y me pareció increíble. Pero el hecho de tener que importar la cultura me parece un peligro para el futuro de la ciudad. Creo que Málaga es una ciudad con mucha capacidad de generar cultura, pese que no dispongamos de una amplia oferta patrimonial como otras ciudades. Pero sí que disfrutamos de muchas “pequeñas cosas” que en otros sitios no hay y que juntas forman un gran patrimonio. No es un patrimonio fundamentalmente arqueológico y monumental, pero sí que tenemos un hermoso patrimonio de costumbres, de tradiciones, de gastronomía… Todas estas cosas que son nuestras, construyen nuestra identidad y nos dejan una herencia histórica y cultural fantástica. Y si tenemos en cuenta también a las comarcas de alrededor, es fácil darse cuenta de que la provincia es como un pequeño país, debido a la amplísima diversidad cultural y etnográfica de la que disfrutamos. Sin embargo, cuando se trae algo de fuera como el Museo Pompidou, se está priorizando algo con fecha de caducidad y no se está valorando lo que tenemos aquí, que es lo que realmente puede crear una singularidad y atractivo a la ciudad. Muchas de estas medidas se toman porque erróneamente se vincula la cultura al turismo. Para mí la cultura es una cosa y el turismo otra, y la identidad cultural debe prevalecer sobre la que nos prestan por un plazo definido. Pero el Gobierno del PP ha apostado por las grandes marcas y la artificiosidad, antes que lo nuestro.

Usted ha sido portavoz de La Casa Invisible, que poco tiene que ver con el Pompidou, la gran apuesta de Paco de la Torre, ¿cuál sería su propuesta cultural para Málaga?

Apostaríamos por unos espacios de cogestión donde estuviera la intervención de los creadores, además de unos consejos culturales en los que participasen todos los sectores implicados en el ámbito, desde el gran público, representaciones vecinales, hasta los propios creadores, técnicos y políticos. A su vez, apostamos por la irradiación de esos espacios a los barrios, que servirían como soporte de su propia identidad, cooperación y encuentro. Lo que buscamos es mejorar y explotar todo ese potencial que existe en cualquier rincón de la ciudad. En cuanto a La Casa Invisible, creo que es un ejemplo de madurez y responsabilidad, ya que se trata de un espacio de gestión ciudadana.

¿Cree que La Casa Invisible debe ser un referente cultural para Málaga?

Sí, evidentemente no estoy diciendo que haya que exportar el modelo de La Casa Invisible para todo, pero el hecho de que exista un espacio de gestión ciudadana, sin ninguna intervención externa de los poderes políticos que quieran conducirla hacia algún lado, allá donde pueda haber un pensamiento crítico, abierto y donde pueda cualquier colectivo llegar y llevar a cabo sus actividades. Sería fundamental que hubiera por todos los barrios. Cada uno le daría una importancia a un tema o a otro, según las personas que estuvieran cooperando, pero sería esencial que existieran. Además es que es de sentido común. Otras ciudades, pese a todas sus debilidades y problemas, disfrutan de centros cívicos y de espacios a los que acceder fácilmente. Aquí, hasta hace dos días, que fue cuando se impulsaron algunos centros vecinales, no había nada. Por eso sí que creo que es necesario dar un impulso este tipo modelo cultural y social.

En la UMA hay muchos cofrades, ¿cómo se posiciona Málaga Ahora sobre la Semana Santa?

(Risas) Me río, con perdón, porque siempre me hacen la misma pregunta, parece que es que somos… (risas). Cuando era joven iba mucho a la Semana Santa, y no soy creyente. Quién mejor que una persona no creyente para respetar eso cuando he participado y he valorado lo que tiene como un momento de encuentro, de valor histórico, patrimonial, de tradición y para algunos de religiosidad. Ahora bien, igual que ahora se están rescatando tradiciones que no existían antes, me gustaría de igual manera que se le diera importancia a otras tradiciones que no son religiosas. La Semana Santa que siga, y sobretodo que se gestione lo mejor posible para que todo el mundo pueda compartir la ciudad. Eso es importante tenerlo en cuenta. Yo he vivido en el centro muchos años y a veces cuando salía de trabajar a las ocho de la tarde un martes o un miércoles Santo no podía ni llegar a mi casa, ni siquiera andando. Debe haber una mejor gestión del espacio eso días. Por lo demás, ole (risas).

Le nombramos un partido y usted lo compara con un tipo de estudiante. El primero, el PSOE.

Últimamente te diría que el desapercibido, el alumno en el que no se fijan mucho.

Partido Popular.

El arrogante, el prepotente, el que hace el peloteo al profesor pero por detrás le puede quitar hasta la cartera.

Izquierda Unida, o Málaga para la Gente.

Ese rarillo que se pone al final de la clase y que no acaba de integrarse. Parece guay y listo, pero no deja de estar en la esquina y así no hay forma de saberlo.

Ciudadanos.

Uh, Ciudadanos (risas). Es menos macarra que el del PP porque va de nuevo, pero en el fondo viene a ser lo mismo.

UPyD.

Ese que quiere dar siempre la razón a todo el mundo, pero en el fondo lo único que quiere es llamar la atención y quedarse en el medio sin mojarse mucho.

Y por último, Málaga Ahora.

El que va a hacer la asamblea de la clase para cambiar las normas que no gusten.

La última, ¿cómo ha venido usted a la entrevista y cómo se va?

En autobús.

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